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¿Vale la pena casarse?

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Con mucha frecuencia hemos escuchado a varias parejas jóvenes que no encuentran una razón suficiente para unirse en matrimonio. Dicen que se quieren y con eso les es suficiente para irse a vivir juntos ¿Sus motivos serán suficientes? ¿Por qué estará pasando esto?

El matrimonio no sólo se trata de cuánto quieres estar a la otra persona. Desgraciadamente las nuevas ideologías impuestas en la sociedad actual y las malas experiencias que se viven en muchos matrimonios, han ocasionado que el sacramento del matrimonio no se valore ni se quiera.

 Por eso si tú, aún no te convences de quererte comprometer con tu pareja o el matrimonio está fuera de tus planes, te queremos compartir 4 regalos que obtienes en el matrimonio:     

1.-Aprendes a amar para siempre: El matrimonio es más que un contrato, una fiesta o un querer con alguien. Casarse es la mayor expresión del amor que una pareja puede demostrarse.  Es un amor que va más allá de un “hoy me gustas y la paso bien contigo”, para convertirse en un “para siempre”. Decir sí, frente a Dios y la Iglesia, es una acción única e irrepetible, que se vuelve un medio de santificación para aquellos que se entregan libremente. Quien decide no casarse por no querer comprometerse, no puede decir que ama de verdad, pues no existe una donación total, sino que es una entrega condicionada y egoísta. Una pareja que decide jurarse amor eterno, frente al altar, se convierte en una sola carne, consagrados sin reservas a la única misión de amarse. Ya nos exhorta San Pablo: “Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos: amar a la esposa, es amarse a sí mismo” (Efesios 5, 28).

2.-Te otorga exclusividad: El matrimonio es un compromiso para toda la vida. Es un acto exclusivo, fiel e indisoluble. Quienes deciden unirse en matrimonio hacen saber a todos que desde ese momento son esposo y esposa, dones que se entregan libremente uno al otro. Ya no son novios, ni pareja, ni mucho menos compañeros, sino una sola cosa. El matrimonio no es una prueba piloto para decidir si me gusta o no, sino que es para toda la vida. Desde el día de tu boda, serás una persona diferente, ya no serás tú solo o tú sola, sino que has formado una familia que será cuna de la vida. El amor ahora es esponsal, es decir, es un amor total, fiel, exclusivo y fecundo, que está abierto a la voluntad de Dios y que se expresa en la indisolubilidad de ese compromiso que nos hace tomar realmente en serio a la persona. Ya nos dice Jesús: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa” (Mc 10, 7-8).

3.-Tienes la bendición de Dios: Cada matrimonio que decide casarse, recibe la bendición de Dios, quien deja de ser un invitado para sellar con ellos una Alianza de Amor eterno. Tener la bendición de Dios y mantenerse en su presencia, le asegura al matrimonio que, como en las Bodas de Caná, el vino de la felicidad nunca se terminará. Asimismo, Dios les asegura ser un compañero fiel que, junto con su Madre Santísima, la Virgen María, velarán por su matrimonio, para que el amor nunca se termine. De modo que las tribulaciones y dificultades que se presenten se superarán juntos. Al casarse por la Iglesia, todo matrimonio estará formado por tres personas: por Dios, por el esposo y por la esposa; ya que Dios es el vínculo de esa unión y, a través del Espíritu Santo, habitará en ellos, siendo esa la garantía de la bendición matrimonial. Mira lo que dice el Libro del Eclesiastés: “Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper” (Eclesiastés 4, 12).

4.-Obtienes gracias especiales: Cuando los esposos se aman con el mismo amor de Cristo obtenido por el Sacramento, se convierten en ministros del amor de Dios, a través del cual recibirán las fuerzas necesarias para sostener, escuchar y amar al cónyuge y a los hijos que broten de su amor. Esto quiere decir que reciben una gracia sacramental, la cual consiste en recibir de Dios todas las ayudas necesarias para que puedan amarse en Cristo en fidelidad y para siempre, así como también reciben todos los auxilios materiales y espirituales exigidos para su hogar. Por lo tanto, mediante la gracia matrimonial los esposos no sólo lograrán ser felices, sino que se convierten también en instrumentos mutuos de salvación para su cónyuge. No olvides estas palabras: “No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahveh tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (Josué 1, 9).

Hay que ser sinceros y humildes de corazón para escuchar el llamado que Dios nos hace a cada uno y seguir ese camino que Él nos tiene reservado, no tengas miedo. 

A los esposos que han confiado su matrimonio a Dios. Felicidades y ánimo ¡Que sean muy felices y que Dios los bendiga para siempre!

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