Una fe como la de un perrito

Hoy el Señor nos quiere presentar un ejemplo de fe inquebrantable con esta mujer cananea que le pide que cure a su hija terriblemente atormentada por un demonio. Hoy debemos aprender que la fe siempre deberá estar unida a la oración.

Hoy escuchamos uno de esos Evangelios difíciles de comprender, debido a la reacción de Jesús (Mt 15, 21-28). A Él siempre lo vemos amable, comprensivo, misericordioso y hoy parece ser hostil e indiferente ante la petición de esta madre, pero esto tiene una enseñanza.

Primero, la mujer le pide la sanación de su hija, luego los apóstoles interceden por ella y Jesús responde: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel” Ella se acerca y postrándose le suplica su ayuda. Jesús le responde: “No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perritos” y ella perseverante, con fe e insistencia le dice: “Es cierto Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”.

Sabemos muy bien que el Señor nunca cierra sus ojos ante las necesidades de sus hijos, si a veces parece insensible o indiferente a sus peticiones, es para probarnos en la fe.Recordemos que el domingo pasado Jesús mismo le reprocha su falta de fe a Pedro, uno de sus discípulos más cercanos; mientras que hoy, con la perseverancia de esta mujer, alaba su fe.

Estoy de acuerdo en que la respuesta de Jesús fue muy dura, pero aquella mujer cananea, mujer extranjera, manifiesta que ella cree en Jesús, de Él espera todo y no le escandaliza su dura respuesta, se postra y se atreve a reclamar las migajas de los perros, Es maravilloso y sorprendente la actitud de esta mujer, ya que no vemos nada de presunción en su petición, sino sólo confianza absoluta en Jesús.

La semana pasada Jesús le dijo a Pedro: “Hombre de poca fe ¿Por qué dudaste?” Mientras que hoy le dice a esta mujer ¡Qué grande es tu fe!  Jesús es quien viene a traernos paz al corazón, luz a nuestra tribulación.. debemos confiar ciegamente en él. En ella pudo más la fe y la perseverancia que el rechazo que pega en el orgullo; esto nos demuestra que en la hora de la prueba, puede más la fe que la duda, la insistencia y la perseverancia que el cansancio o el abatimiento.

Hace falta mucha paciencia para entender el lenguaje de Dios y su manera de actuar, ya que muchas veces no nos responde como esperamos y fe para no sentirnos humillados cuando no satisface nuestras exigencias. Lejos de rebelarnos contra Él, debemos hoy aprender de esta mujer, quien supo manifestar su hambre de Dios.

Ella no se contentó con las migajas de mesa; sino que quiso el pan entero, el amor eterno, la salvación entera, la vida eterna. No nos contentemos con migajas cuando en Cristo podemos obtenerlo todo.

 

About P. José Luis González Santoscoy

José Luis es Sacerdote de la Arquidiócesis de Guadalajara, México. Tiene mucho gusto por la lectura, el cine y es un apasionado de la magia. Comprometido con la evangelización a través de los medios de comunicación.

Check Also

No somos dueños, sino administradores de nuestros dones

En el domingo pasado, el Señor nos invitaba a estar preparados para su venida. Hoy …

¿Es importante confesarme? Te regalo una guía que te ayudará muchísimo

Cuando nos damos cuenta de que tenemos pecados que no podemos vencer o que cometemos …