MAGIA

Una confesión

¿Cuántas veces vamos a la confesión (si es que aún nos confesamos) con el miedo de decirle al Padre nuestros pecados? ¿Cuántas veces trato de enmascarar mis pecados porque no tengo la confianza al Sacerdote? El sacramento de la Penitencia, o bien, de la reconciliación o confesión, es un sacramento que nos ayuda muchísimo en el ámbito espiritual y humano, lástima que en muchos estratos de la sociedad se practica con ciertos límites.

Quiero citar unas palabras del Papa Francisco, quien ha dado una extraordinaria catequesis a propósito de este sacramento audiencia general del miércoles 19 de febrero de 2014: “El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino es un regalo, es don del Espíritu Santo, que nos colma de la abundancia de la misericordia y la gracia que brota incesantemente del corazón abierto del Cristo crucificado y resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en paz. Y ésto lo hemos sentido todos, en el corazón, cuando vamos a confesarnos, con un peso en el alma, un poco de tristeza. Y cuando sentimos el perdón de Jesús, ¡estamos en paz! Con aquella paz del alma tan bella, que sólo Jesús puede dar, ¡sólo Él!”.

Me he topado con mucha gente que me dice: “no me confieso porque me da mucha pena decir mis pecados”, “no me confieso porque el Padre es más pecador que yo”. Yo creo que estas dos afirmaciones son ciertas, a todos nos deberían dar siempre pena nuestros pecados, preocupémonos el día en que éstos no nos den vergüenza. Pero lo que debemos descubrir es que Dios es quien nos regala su gracia, el sacerdote solamente es el puente por el cual Dios nos perdona y nos regala de nuevo ese vínculo de amor y de paz. 

Este sacramento no tiene otro fin que otorgarnos nuevamente la vida de amistad con Dios que hemos perdido a causa del pecado cometido. En este acto de magia queremos manifestar cómo cuando el sacerdote confiesa en el nombre de Cristo, Cristo se lleva tu pecado y es Él quien se queda en tu corazón. Te invito a que no tengas miedo acercarte a la confesión, es una medicina espiritual que todos necesitamos.

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