¿Te gustaría experimentar un milagro en tu vida?

Cuando somos chicos o vamos iniciando en el proceso de la Fe y el descubrimiento de Dios, el primer impulso que nos lleva a creer en Cristo y querer seguirlo, (en la mayoría de los casos) es la experiencia sensible del encuentro con Jesús a través de un retiro, un campamento o algún evento similar. Este momento es tan importante en la vida de muchos creyentes que puede quedar marcado en su memoria para el resto de su vida o incluso ser el motor para la conversión.

Después de vivir este encuentro, sobre todo los jóvenes, solemos buscar más experiencias como éstas pues creemos que solo a través del sentimiento o la sensación que éstas nos producen podemos revivificar la fe en Jesús y hacerlo presente en nuestras vidas, pero nos olvidamos de una verdadera fuente de encuentro con Jesús o más bien el verdadero encuentro con Jesús vivo… estoy hablando de la Eucaristía.

Al volverse este evento algo rutinario para el joven o para cualquier creyente, éste lo encuentra como algo ordinario, cuando en realidad la celebración de la Santa Misa, y sobre todo el sacramento de la Eucaristía, es la cima de los misterios que celebramos.

No podemos decir que seguimos y amamos a Cristo si no asistimos, activa, alegre  y constantemente a recibir este sacramento, pues le estaríamos negando el mayor de los regalos a aquel que decimos que amamos. Podemos explicarlo con una sencilla comparación: Todos alguna vez hemos admirado mucho alguna persona reconocida por su talento, sus conocimiento o su liderazgo, como un músico, un actor, un pintor, un deportista, etcétera. Sería muy extraño decir que seguimos y admiramos a esa persona pero que al recibir una invitación a tener un encuentro real con él o con ella y hasta tener un diálogo con aquella persona, nos negáramos a asistir. Así de incoherente sería decir que amamos a Jesús y no asistir a recibir la celebración de la Eucaristía, al menos, cada domingo.

Además, es realmente un milagro espectacular, lo que ocurre en la Santa Misa. Personalmente, hasta que me hice consciente de ello, pude darle el grandísimo valor que ésta tiene, pues hay que saber que en el momento de la Consagración (y por lo tanto, de la Eucaristía) ocurre algo extraordinario: Cuando el sacerdote invoca la acción de Dios a través de su Espíritu para convertir el pan en la Carne de Jesús y el vino en su Santa Sangre, se convierte ese momento en el mismo instante en que Cristo celebró este banquete con sus discípulos una noche antes de su Pasión  y Muerte. Es  así, como todos los momentos de la consagración de cada misa celebrada, a través de todos los tiempos, se unen a ese instante, por lo tanto, nosotros nos hacemos presentes en el momento en que Jesús se nos entrega –sabiendo el sufrimiento que eso implicaría- como discípulos e íntimos amigos suyos para estar Él en común unión (comunión) con nosotros.

Así nutriéndonos de Cristo, llevándolo en nosotros, podemos compartirlo con los demás, pues “nadie da lo que no tiene”, y nos vamos convirtiendo en otros Cristos.

About María Teresa García Barba

Estudiante de la Lic. en Ciencias de la Comunicación. Es muy perseverante, responsable, empática y muy amorosa, que tiene como centro y prioridad a su familia. Participa de la Pastoral de la UNIVA, donde participa en varias actividades como líder-servidora. Desea Evangelizar siempre el mensaje del Amor y Salvación, siguiendo el ejemplo de Jesús, a través de las acciones concretas de la Pastoral, en las aulas de clase, en su hogar, en la vida diaria en general, y ¿por qué no? ¡Hasta en los medios! En sus tiempos libres, disfruta de la lectura y la música, le encanta cantar, ver películas y series de televisión, además de pasar tiempo con su familia.

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