+ VLOGSBibliaGO

¿Cómo superar la culpa?

Hace unos días recordaba una anécdota que viví con mi abuelo hace algunos años. De recién que le regalaron su camioneta, yo estaba aprendiendo a manejar y quería aprender a mover un auto grande. Un día estaba por meterla a la cochera y pensé que sería un buen momento para hacerlo; se lo pedí y accedió. Cuál es mi suerte que al empezar a entrar a la cochera, al filo del cancel hay un poste y por no medir bien los espacios terminé por darle un buen golpe a la camioneta. No sabes cómo me sentí en ese momento, quería morirme. Claro que mi abuelo se enojó mucho conmigo, yo no sabía qué hacer, el sentimiento de la culpa desde ese día y hasta hoy me sigue acompañando.

Esas son experiencias para aprender. Pero algo que me llama la atención es que la culpa sigue estando allí. No te imaginas cuántas personas hoy en día viven presas y atormentadas por la culpa, por el “hubiera”. Qué daño hace ese sentimiento si no es bien dirigido, puede llegar a envenenar la vida de quien lo está experimentando.

Por eso si la culpa no te deja vivir en plenitud, te queremos compartir 4 prácticos consejos para que poco a poco aprendas a superarla:

1.-Pide perdón: Sin lugar a dudas hay que comenzar por este paso. Pedir perdón no es solamente expresar un “lo siento o perdóname” y ya con eso pensar que hemos cumplimos. En nuestro interior bien sabemos cuándo debemos pedir disculpas, solo que nuestras palabras deben de ir acorde con nuestra actitud. Es decir, que nuestras disculpas demuestren que de verdad nos duele el daño que hemos provocado y asumimos la responsabilidad de lo que hicimos. Te invito a ponerte en los zapatos de la otra persona, y que intentes descubrir lo que el otro siente tras recibir el daño injustamente. Aprendamos a ser empáticos y a entender lo que el otro está pasando, para que se pueda abrir la puerta de la reconciliación. Graba en tu corazón estas palabras de Jesús: “Cuídense ustedes mismos. Si tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo” (Lucas 17, 3).

2.-Perdónate: El sentimiento de sabernos perdonados alivia nuestro ser, pero hay ocasiones en las que el perdón no llega, ya sea por cuestiones de distancia, tiempo o porque simplemente la persona ofendida no quiere perdonar. Esto no hace más que condenarnos a un sufrimiento constante, por lo que también debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos, ya que cuando no lo hacemos, nos lastimamos al autocastigarnos por lo que hicimos, generando una culpa que no hace más que enterrarnos en la tristeza. Busca recuperar tu paz y tranquilidad, pero sin dejar de lado la responsabilidad de nuestros actos y hacer un recuento honesto y claro de lo que hicimos junto con sus consecuencias. Si logramos alcanzar esto, habremos avanzado en el perdón personal. Mira este consejo del Libro de Hechos de los Apóstoles: “Arrepiéntanse, pues, y conviértanse, para que sean borrados sus pecados. Así el Señor hará llegar el tiempo del alivio” (Hecho de los Apóstoles 3, 19).

3.-Busca reparar el daño: Para que la paz ocupe el lugar de la culpa causada por nuestros errores, es conveniente reparar el daño que causamos. Hacer algo significativo para la otra persona que dañamos, sin importar que pueda rechazarla. Con esto demostraremos un profundo arrepentimiento y un perdón sincero. Si sabes que puedes compensar el daño en alguna medida, no dudes en hacerlo, esto hablará bien de ti. Toma este consejo de la Carta a los Romanos: “No devuelvan a nadie mal por mal, y que todos puedan apreciar sus buenas disposiciones. Hagan todo lo posible para vivir en paz con todos” (Romanos 12, 17-18).

4.-Aprende de lo pasado: Si de algo debemos asegurarnos es haber aprendido la lección de nuestros actos. Siempre debemos preguntarnos ¿Hemos cambiado o seguimos siendo los mismos después de lo que pasó? ¿He aprendido la lección? Seamos conscientes que nuestras acciones han lastimado y han defraudado a otros y que la experiencia del error nos sirva de aprendizaje, tomemos nota de las lecciones de vida que nos quedan de todo esto. No olvides este consejo del libro de Proverbios: “Si no abandonas la sabiduría, ésta te protegerá; ámala y velará por ti” (Proverbios 4, 6).

Que la culpa no controle tu vida mejor: 

Acude a Jesús quién es nuestro refugio seguro, acércate al Sacramento de la reconciliación y encuentra la paz que tu corazón necesita. Recuerda sus palabras: “Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré”(Mt 11, 28).

Tags
Close