+ DIOSLa Charla Dominical

Seamos testigos creíbles de Jesús

Charla Dominical

Amigos, hoy la liturgia nos presenta el testimonio de Juan el Bautista. Celebramos su nacimiento ya que marca el inicio del real y definitivo cumplimiento de las promesas divinas.

Sabemos que Juan el Bautista fue el precursor del salvador, quien le preparó el camino y lo hizo con una predicación generosa, dedicada y honesta. Y digo honesta, ya que su predicación y testimonio de vida admiraba a miles de personas y siempre negó categóricamente ser el Mesías esperado, siempre afirmaba la superioridad de Jesús.

El Bautista fue un hombre de fuego, es decir, un hombre recto, decidido, de una sola pieza por su honestidad y coherencia, y sobre todo, valiente para anunciar y denunciar. Algo que debemos aprender de él es que nunca  fue imparcial en su predicación, no buscaba quedar bien con nadie, tenía el valor para denunciar toda injusticia que veía.

También debemos aprender de su humildad, ya que él mismo dice en una parte del Evangelio de Juan: “Es necesario que Él crezca y yo disminuya” (Jn 3, 30)  Reconoce que su predicación no es para enaltecerse él, sino para preparar el camino al Salvador, tiene bien claro que sólo es un testigo no el autor de la salvación.

Juan El bautista con su predicación era un transmisor de la alegría. Pero para serlo se necesita estar abiertos al Plan de Dios y a su voluntad. Veamos qué pasó con su padre Zacarías. Sabemos que Zacarías, después de haber recibido la visita del Ángel en el templo, quedó mudo.

Pero una cosa que me llama la atención de este Evangelio es que vemos que no sólo quedó mudo sino también sordo, ya que escuchamos que cuando su esposa Isabel dice que su hijo se va a llamar Juan, le preguntaron a Zacarías en señas, por lo tanto, pienso que había quedado también sordo. Esto tiene mucho sentido espiritual, ya que es algo que va siempre de la mano, porque si no estamos capacitados para oír a Dios, tampoco estaremos capacitados para hablar con Dios.

Sabemos que los labios de Zacarías se habían cerrado por su incredulidad, pero ahora, que es capaz de creer, se le han abierto. Esto nos enseña que la fe quita nuestros impedimentos, sana nuestras incredulidades y fortalece nuestras debilidades. 

Zacarías volvió a hablar justo en el momento que aceptó el Plan de Dios. Pidámosle a Dios que nos dé la gracia de abrirnos a su Plan y la humildad para llevarlo a cabo. Sólo así podremos ser como Juan el Bautista, testigos creíbles de Jesús y podremos predicar con una vida ejemplar siendo heraldos del Evangelio.

 

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