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¿Por qué se mezcla el agua con el vino en la Misa?

Para poder vivir mejor el Misterio de la Eucaristía, conviene que conozcamos cada uno de los ritos que contiene. Por ello hoy quiero hablarte de una pregunta que le escuché a un joven le de mi Comunidad: ¿Por qué el Padre le pone agua y vino al cáliz?

El Sacerdote, en la liturgia Eucarística, vierte las gotas de agua en el cáliz junto con el vino y dice en voz baja: “Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de Quien se ha dignado participar de nuestra humanidad”. Con estas palabras pide al Señor, en nombre de todos nosotros, que nos permita unir nuestras vidas a la de Él.

El agua es signo de la humanidad de Cristo y también de la nuestra; mientras que el vino, simboliza toda su divinidad. Recordemos que en Jesús están unidas su condición humana y la divina, esto desde que se encarnó en el vientre de su Madre. Por lo tanto, al celebrar la Eucaristía queremos participar de su condición divina a través de nuestra humanidad, a través de nuestra nada.

Cada uno de nosotros formamos parte de esas gotas de agua que, al mezclarse con el vino que es Cristo, nada las puede separar, convirtiéndose en una sola cosa con Él. Así también, cuando el agua se impregna con el vino, así también Cristo se une y toma nuestras vidas, a cada uno, junto con nuestros pecados.

Esta mezcla divina tiene como antecedente el momento en que Cristo fue atravesado por una lanza y: “al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 34), símbolo de esa unión entre Cristo y la humanidad, por quien entregó hasta su última gota.

Dice San Cipriano: “Si alguien no ofrece más que vino, la sangre de Cristo empieza a existir (en el cáliz) sin nosotros; pero cuando no se ofrece más que agua, el pueblo empieza a encontrarse sin Cristo”. ¿Cuántos no hay que se dejan llevar por su egoísmo y apartan a Dios de su vida? Tantos que se valen de sus propias fuerzas, sin reconocer que sólo en Cristo encontrarán la plenitud de su vida.

Queremos unirnos con Cristo, ofreciendo nuestros propios dones y defectos, nuestro ser entero. Mezclados con Él nos convertimos en dones perfectos para Dios nuestro Padre, quien por amor no nos rechaza.

Ahora bien, cuando el Sacerdote deja caer un fragmento del Cuerpo de Cristo en el cáliz recita esta oración: “Que esta mezcla del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo nos sirvan, al recibirlos, para la vida eterna”. Antes de este momento, el Cuerpo y la Sangre de Cristo se encontraban separadas, símbolo del sacrificio de Nuestro Señor. Por lo que al momento de unirse, son símbolo de la resurrección. Así, nosotros al participar de la comunión participamos también de su vida eterna.

Por lo tanto, esas escasas gotas de agua que son vertidas en el cáliz y que la mayoría de las veces, suelen pasar desapercibidas, tienen un significado místico y profundo. La Eucaristía está llena de muchos sentidos que son parte de un sacrificio vivo y presente de Cristo.   

Vivamos con esmero y profunda devoción cada momento de la Misa, pues también nosotros nos convertimos en ofrenda junto con Cristo, para así gozar junto con el los frutos de la vida eterna.

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