IglesiaSABER +

¿Quién debe responder por la muerte de Jesús?

Al leer el Evangelio, cualquiera puede concluir a primera vista que, tanto los judíos como los romanos, fueron los responsables directos de la muerte de Cristo. El sanedrín que, a través de sus Sacerdotes lo declaró reo de muerte, lo acusaban de blasfemia por asegurar ser hijo de Dios; ellos, al estar impedidos para quitarle la vida, decidieron hacer parte a la autoridad romana, quien ejecutó tal condena.

Una vez que Pilato se lava las manos en señal de inocencia por el destino de Cristo es el pueblo judío quien a una sola voz carga con la culpa cuando dicen: “¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mt 27, 25). Aunque no se debe olvidar que también hubo algunos líderes judíos que estaban convencidos de quién era Jesús y lo seguían, tales como el mismo José de Arimatea y Nicodemo.

Entonces pudiera surgirnos la pregunta: ¿fueron el sanedrín y Poncio Pilatos los responsables de la muerte de Cristo? Podemos decir sí, todos tienen culpa del sufrimiento y de la muerte física del Señor.

Pero Jesús se adelanta en misericordia y pide perdón al Padre en nombre de todos sus detractores que actuaban por mera ignorancia. Recordemos las palabras del mismo Jesús: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen ” (Lc 23, 34).

Si hubieran reconocido a Jesús no le habrían hecho morir, ya nos dice San Pablo que “esta sabiduría no fue conocida por ninguna de las cabezas de este mundo, pues de haberla conocido, no habrían crucificado al Señor de la Gloria” (1 Cor 2, 7). Pero así tenía que pasar para que se cumpliera el designio de salvación.

Sería muy fácil echarle la culpa a unos poco, pero los verdaderos y únicos responsables de la muerte de Cristo fue toda la humanidad, fuimos todos, tú y yo. Fue nuestro pecado quien condenó a Cristo al suplicio de la cruz a cambio de nuestra salvación inmerecida.

Debemos aprender a responsabilizarnos por lo que nosotros hacemos, ya que debemos ser conscientes de que con nuestro pecado, nosotros somos los que herimos al Señor con nuestras faltas. San Pablo dice: “Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió pecado, para que así nosotros participáramos en él de la justicia y perfección de Dios” (2Cor 5, 21).

Ahora bien, la Iglesia es muy directa al declarar en el Concilio Vaticano II que:

Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. (Declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, N°4).

Asimismo, dice el Catecismo de la Iglesia Católica #598 dice lo siguiente:

La Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos.

En el mismo número, el Catecismo cita al Catecismo Romano que dice: “Y es necesario reconocer que nuestro crimen en este caso es mayor que el de los judíos. Porque según el testimonio del apóstol, “de haberlo conocido ellos no habrían crucificado jamás al Señor de la Gloria” (1Cor 2, 8). Nosotros, en cambio, hacemos profesión de conocerle. Y cuando renegamos de Él con nuestras acciones, ponemos de algún modo sobre Él nuestras manos criminales” (Catecismo Romano 1, 5, 11).

Nosotros nos decimos cristianos, seguidores del Señor, pero aún a pesar que declaramos amarle seguimos pecando, seguimos siendo rebeldes, egoístas, y seguimos crucificando una y otra vez a Jesús con nuestra falta de testimonio verdadero. ¡Ya no crucifiquemos al Señor!

Show More
Close