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¿Qué podemos aprender de la Virgen María?

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Este capítulo lo dedicaremos a Nuestra Madre, la Virgen María, a quien debemos tener siempre presente en nuestras vidas. Al ser la Madre de Jesús y al convivir con él durante mucho tiempo,  tiene mucho que enseñarnos. Ella fue la primer Sagrario de esta tierra, pues llevó a Jesús en su vientre. Además, María fue testigo de los momentos más importantes en la historia de la salvación, por supuesto que tenemos mucho que aprender de ella.

Nosotros queremos aprender de María, ¿te animas tú también? Te compartimos 4 virtudes importantísimas de nuestra Madre:

1.-Una mujer humilde: Esta es una de las mayores virtudes que debemos cultivar. La humildad tiene como cimiento la verdad, me lleva a reconocer mis propias limitaciones y debilidades, así como mis fortalezas. María, en la Anunciación, reconoce su propio ser, se sabe la más pequeña de todos y por eso, fue exaltada sobre todas las creaturas. Dios pudo hacer en ella grandes cosas, gracias a su pequeñez y su humildad. ¡Qué difícil le es al hombre alcanzar la humildad! Pero para alcanzar esta virtud, comencemos por reconocer nuestras limitaciones, sabiendo que todo lo que somos y tenemos nos viene de Dios. Pero también, la humildad me lleva a reconocer mis talentos y virtudes para ponerlos al servicio desinteresado de los demás, aceptando y alegrándonos también por los dones y talentos de los otros. Cuando nos equivoquemos, seamos capaces de reconocerlo y aprendamos a pedir disculpas cuando sea necesario. Estas prácticas nos ayudarán para poder ser humildes como la Virgen María, recuerda las palabras de Lc: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38).

2.-Una fe inquebrantable: María, frente a las palabras del ángel, de que sería la Madre de Dios, creyó firmemente. Ella no tenía la certeza humana de que lo dicho por ángel fuera a suceder, pero no pidió garantía ni señal alguna. Por lo que ella demostró una fe auténtica, que no necesitaba ninguna explicación, sólo se limitó a decir “Sí a través del hágase”. Por eso, su prima Isabel la proclama dichosa por haber creído en el poder de Dios. Como dice San Agustín: “Ella, antes de concebir a Jesús en su seno, lo concibió en su mente”. Y es que no hay mayor muestra de confianza en Dios que la de nuestra Madre, quien siempre caminó en la fe. Es muy triste ver cómo en el mundo se vive una crisis de fe. El hombre busca la seguridad en las cosas que puede percibir por los sentidos y no por el corazón. La fe es dar un salto en el vacío, la fe no es seguridad sino abandono en Dios, es creer en Dios y creerle a Dios. Pidámosle a Dios que aumente nuestra fe, para que como a María puedan decirnos: “¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lucas 1, 45).

3.-Obediencia alegre: Nuestra Madre Santísima siempre demostró su obediencia a Dios, desde pequeña fue educada para cumplir con todo lo que marcaba la ley del Señor. Por ello, cuando dijo “si” a la tarea que le había sido encomendada, no se detuvo a pensar en las consecuencias que traería tal decisión, fue generosa en su respuesta, porque antes había sido generosa en su obediencia. Dice San Ireneo: “el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María. Lo que una hizo por incredulidad lo deshizo la otra por la fe”. Vemos que María obedece siempre, nunca se quejó ni contradijo a Dios, al contrario, meditaba todo en su corazón, pues confiaba en los designios de su Señor. Esta es la actitud que Dios quiere formar en cada uno de nosotros, esa docilidad a sus planes, dejándonos guiar por aquel que nos conduce por donde mejor nos conviene. Nuestra Madre a todos nos exhorta a ser obedientes a su Hijo Jesús, así como lo dijo en las Bodas de Caná: “Hagan lo que él les diga” (Juan 2, 5).

4.-Caridad generosa: El Papa Benedicto XVI decía que “Dios sólo está donde hay caridad, porque Él mismo es el amor”. María, después de escuchar el mensaje del ángel, parte con su prima Isabel, por el deseo ardiente de amar a Dios a través de su prójimo. Asimismo, en las bodas de Caná, fue la primera en saber de la necesidad de aquellos novios por la escasez del vino, y esto es porque ella “estaba en todo”, siempre estaba sirviendo y preocupada en ayudar a los demás. Ella no podía nunca quedarse de manos cruzadas ante una necesidad. Incluso, también estuvo a los pies de la cruz, acompañando a su Hijo y siendo consuelo para los demás. Debemos aprender de María esta actitud de darse a los demás generosamente, sin esperar nada a cambio ante quien lo necesita. Pidamos a ella para que cada que nos falte el vino de la caridad y de la entrega, ella pueda interceder ante su Hijo para decirle: “No tienen vino” (Juan 2, 3).

Estas virtudes pueden parecernos inalcanzable, pero no lo son. María es un ejemplo para la humanidad. No te desanimes si fallas, siempre tienes la oportunidad de mejorar. Pidamos la intercesión de nuestra Madre para ser dignos imitadores suyos.

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