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¿Por qué veneramos las reliquias de los santos?

A lo largo de los años, la lista de santos reconocidos por la Iglesia Católica sigue creciendo. Hombres y mujeres que, con el testimonio de su vida, nos demuestran que es posible vivir como Dios quiere y que, además, por su entrega diaria y generosa, han alcanzado la gloria eterna.

De la mayoría de ellos, la Iglesia conserva reliquias que nos recuerdan la historia de su paso aquí en la tierra. Pero ¿a qué le llamamos reliquias? El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia en el número 236 nos lo explica:

[…] “La expresión “reliquias de los Santos” indica ante todo el cuerpo – o partes notables del mismo – de aquellos que, viviendo ya en la patria celestial, fueron en esta tierra, por la santidad heroica de su vida, miembros insignes del Cuerpo místico de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo (cfr. 1 Cor 3,16; 6,19; 2 Cor 6,16). En segundo lugar, objetos que pertenecieron a los Santos: utensilios, vestidos, manuscritos y objetos que han estado en contacto con sus cuerpos o con sus sepulcros, como estampas, telas de lino, y también imágenes veneradas”.

Las reliquias pueden dividirse en tres tipos: de primero, segundo y tercer grado. Las de primer grado se consideran el cuerpo o partes del mismo (hueso, carne, cabello, sangre, etc.). Las de segundo grado son consideradas todos aquellos objetos y bienes que pertenecieron en vida del santo (ropa, libros, crucifijos, etc.). Y por último, de tercer grado se le denomina a aquellos objetos que el mismo santo tocó o que han sido tocados por una reliquia de primer o segundo grado.

De tal modo que para asegurarse de la autenticidad de dichas reliquias es necesario que vayan acompañadas de una breve nota, sellada oficialmente por el obispo que da testimonio de su legitimidad.

Ahora bien ¿por qué como católicos conservamos y veneramos las reliquias? Así como cuando un ser querido muere, conservamos objetos que pertenecieron a ellos, por el recuerdo que significan para nosotros; del mismo modo, al venerar y conservar las reliquias de los santos, hacemos presente el recuerdo de su vida que nos inspira a seguir su camino aún a pesar de las dificultades y problemas que la vida nos presenta a diario.

Hay que dejar claro que las reliquias no son amuletos ni contienen poderes mágicos en sí mismos, ya que, aunque les tengamos mucha fe y estima, son solamente objetos que nos invitan a imitar a los santos de quien pertenecen. Hay que tener claro que no adoramos las reliquias, sino que sólo las veneramos, la adoración es únicamente para Dios.

La veneración es para los santos y sus reliquias, por el único hecho de que, gracias a su intercesión ante Dios, podemos obtener sus favores. Por lo tanto, también debemos hacer un correcto y adecuado uso de ellas, guardando el respeto que nos merecen.

Lo anterior lo podemos incluso ver en la palabra del Señor, a través del apóstol Pablo por medio de quien hacía también muchos milagros: “Dios obraba por medio de Pablo milagros no comunes, de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos” (Hch 19, 11-12).

La veneración de las reliquias de los santos debe alentarnos a seguir su ejemplo de santidad, que además nos ayudan a renovar nuestra fe, a través de hombres y mujeres que pueden interceder por cada uno de nosotros ante Dios.

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