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¿Por qué profesamos el Credo en Misa?

Lo conocemos también como la profesión de nuestra fe. El Credo es la oración que recitamos cada domingo después de escuchar la homilía del Sacerdote en relación a las lecturas del día. En algunas ocasiones se sustituye por la renovación de las promesas bautismales, esto según lo considere el celebrante.

Recitar el Credo es resumir nuestra fe en algunas líneas, pero que son claras y esenciales, son el compendio de todo en lo que creemos. Es aceptar y reconocer de manera pública que Dios es el Señor de todas las cosas, quien a través de su Hijo Jesucristo dio la salvación al mundo entero y en herencia nos ha instituido como hijos suyos, nos ha hecho Iglesia universal.

Es asombroso pensar que cada que recitamos el Credo, participamos en unión con toda la Iglesia en el mundo, incluso con aquellos que actualmente sufren persecución por su fe. Recordamos también a aquellos hombres y mujeres que, a lo largo de los años, han ofrecido su vida por defender lo que creen. En fin, es un signo poderoso de unidad.

Con el mismo orgullo y respeto con que se canta el himno nacional, signo de unión e identidad de un país; así nosotros como católicos debemos decir de manera consciente, con emoción y respeto a una sola voz el “Creo”, signo de amor y lealtad a Dios, y no como una mera oración aprendida que repetimos sin mayor relevancia.

El Papa Francisco nos invita a ser conscientes de lo que decimos al momento de recitar el Credo y a no ser meros papagayos:

La fe es confesar a Dios, pero el Dios que se ha revelado a nosotros, desde el tiempo de nuestros padres hasta nosotros ahora; el Dios de la Historia. Y esto es lo que todos los días recitamos en el Credo. Y una cosa es recitar el Credo de corazón y otra como papagayos, ¿no? Creo, creo en Dios, creo en Jesucristo, creo… ¿creo lo que digo? ¿Esta confesión de fe es verdadera o la digo un poco de memoria, porque tengo que decirlo? ¿O creo a medias?.

Como vemos, el Credo es un momento importante de la Misa y, por lo tanto, ninguna palabra puede ser cambiada ni omitida. Es en realidad una obligación para los Sacerdotes hacerlo cada domingo o celebración especial:

El Símbolo debe ser cantado o recitado por el sacerdote con el pueblo los domingos y en las solemnidades; puede también decirse en celebraciones especiales más solemnes.

según lo marca la Instrucción General del Misal Romano en el núm. 68.

Profesar nuestra fe nos obliga también a ser testimonio vivo de lo que decimos. El Credo no es sólo una oración más de la Santa Misa, es una oración de vida, es nuestra identidad que como bautizados nos permite formar parte de la gran familia de Cristo. Por lo tanto, la próxima vez que puedas profesarla hazlo con amor y convicción. Ya que por medio de él es que participamos en comunión con todos los santos.

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