+ BLOGSVida con sentido

¿Por qué Dios quiso salvarnos?

Dos niños, Jorge y Pablo, eran grandes amigos que, desde muy pequeños, pasaban horas jugando juntos; compartían mucho uno con el otro. Ambos cursaron la educación básica en el mismo colegio y tenían en común los mismos amigos. Eran inseparables.

Todo iba bien, hasta que llegó el tiempo de ingresar a la universidad. Jorge logró entrar a la carrera de leyes y Pablo, por su parte, no quiso seguir estudiando. A partir de esta etapa, cada uno comenzó a hacer su vida apartado uno del otro.

Jorge terminó la carrera y comenzó a trabajar en un despacho, su desarrollo profesional comenzó a ser notable. Pero para Pablo, las cosas eran diferentes, ya que, alcanzado por sus deudas y frustraciones, se convirtió en un delincuente que asaltaba pequeños y grandes establecimientos.

Pasaron los años y lo que inició como una gran amistad, poco a poco se iba disolviendo, hasta no quedar nada. El abogado llegó a ser uno de los jueces más importantes de la ciudad, reconocido por su imparcialidad y la correcta impartición de justicia. Por otro lado, Pablo también alcanzó las primeras planas, era un prófugo de la justicia, uno de los más buscados.

Hasta que un día, el criminal fue atrapado en uno de sus atracos a un pequeño establecimiento. Pronto fue puesto a disposición de la ley y se le convocó a juicio. A los días, fue presentado a la sala para su enjuiciamiento. Ya de pie en su lugar, vio entrar al juez y comenzó la audiencia.

De inmediato, el reo  fue llamado a comparecer al estrado.  Cuál fue la sorpresa de aquel hombre cuando descubrió que, el hombre por el que iba a ser juzgado, era ni más ni menos que su amigo de la infancia. Jorge, por su parte, también lo reconoció al instante, pero no dijo nada.

El juicio siguió y las acusaciones contra aquel delincuente eran muchas. El juez, por una parte, recordaba los momentos que pasó con su gran amigo a quien quería mucho. Pero, por otro lado, debía actuar con justicia y conforme a la ley. Por lo que, al concluir la audiencia, decidió imponer una multa digna del delito. Era una sanción muy cuantiosa, que su amigo nunca podría pagar.

Luego, el juez, se quitó la toga y bajó del estrado. Se acercó a su amigo, sacó una chequera y le firmó uno con la cantidad consignada. Pagó la multa él mismo.

Por el pecado, fuimos apartados de Dios por una barrera imposible de cruzar. Pero Dios no se quedó de brazos cruzados, él quería que volviéramos a Él. Y por amor, entregó a su Hijo único, para que nos ayudará a regresar. La única forma era pagando Él mismo la deuda, esa que los hombres por su sola condición nunca podríamos pagar.

Dios, pagó por ti por mí, no importando el costo ni los medios. ¿Qué acto de amor más grande que éste? Para Dios vales mucho, vales la vida entera. No lo desaproveches.

Show More
Close