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¿Podemos orar a María?

Muchos nos hemos preguntado ¿Qué tan adecuado es orar a La Virgen María y dedicar tiempo a admirarla, siendo que ella no es Dios, sino, un ser humano como nosotros?

Para responder esta pregunta, servirá hacer una analogía relacionada con el Arte.

Si te gusta el arte, de seguro tendrás alguna obra artística favorita: una canción o pieza musical, una pintura, una fotografía, una escultura o una película; y quizá has pasado tiempo admirando esa obra, escuchando la melodía o quizá has visto repetidas veces aquella película que tanto te gusta.

 Seguramente al admirarla realmente te asombras de ella, de lo bien realizada que está, y de seguro, piensas en el artista, músico o cineasta que creó la obra, admirando su creatividad y dedicación. Tal vez hasta has hablado con más de alguno de tus amigos o conocidos sobre aquella pieza… pero ¿será que el autor de esa obra que tanto admiras, y a la que dedicas tiempo para apreciar, se molesta por que los espectadores de su obra le prestan tanta atención a su obra y no a él, se molestará porque sus seguidores hablan mucho de sus obras en lugar de hablar solo de él? Claro que no, al contrario, sus obras son representación suya y al haberlas creado con amor y esfuerzo no le molesta para nada que antes de hablar de Él, hablen de sus obras, que además podemos decir son una parte de él, su esencia viene de él, de su creatividad, de su talento, etc. Y ni hablar de su mejor Obra, por ejemplo un director de cine, siempre se sentirá alagado al saber que son muchos quienes han visto su mejor película.

Pues lo mismo ocurre con Dios, nuestro creador.  María es, por decirlo de algún modo, su mejor obra, quien le fue siempre Fiel, su elegida, concebida sin la macha del pecado original, quien amó, crió y entregó a Su Hijo Jesús por el bien de la humanidad. Ella se mantuvo virgen toda su vida. Siendo su mejor creación, Dios no se molesta para nada porque la admiremos, apreciemos su santidad y le oremos, y además siendo su madre, aquello que ella le pida, Él, como en las bodas de Caná, se lo concederá.

Y naturalmente, la admiración por María nos remitirá a admirarnos por el poder de Dios, quien no solo la creó, sino que también le dio la gracia de ser la Madre de Dios

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