¿Por qué nos damos la paz en Misa?

Es fácil reconocer el momento de la celebración eucarística en que el Sacerdote dice: Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: “La paz les dejo, mi paz les doy”, no tomes en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos”. Después nos desea la paz diciendo: “La paz del Señor esté siempre con ustedes”, luego nos invita a que nos demos la paz diciendo: “Dense fraternalmente la paz”.

Es así como entre todos intercambiamos la paz del Señor que se ha ofrecido en Cuerpo y Sangre, momentos antes en el altar. Por este signo manifestamos públicamente el deseo de paz y unidad entre nosotros como miembros de la Iglesia universal.

Jesús nos dice: “Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24). Por lo tanto, el Señor nos pide que antes de participar del banquete celestial debemos “hacer las paces” con los demás. Limar las asperezas con aquellos que nos han ofendido y nos han herido, porque si no estamos dispuestos a perdonar al que nos hizo daño, cómo podríamos recibir a aquel que dio la vida por nosotros ¿suena ilógico no?

Éste es entonces, el verdadero sentido, reconciliar los corazones apartados, para así, ser parte del cuerpo místico que es la Iglesia, en donde como hermanos e hijos de un mismo Padre, nos unimos a Cristo Jesús que se entregó por cada uno de nosotros.

La Ordenación General del Misal Romano nos dice: “Conviene, sin embargo, que cada uno exprese la paz sobriamente sólo a los más cercanos a él” (OGMR 82). Es decir, que no debemos desplazarnos por todo el templo para dar la paz a todos, ya que este momento debe ser practicado con mucho cuidado. No es un momento para distraernos ni ponernos a conversar con el otro, este rito debe ser breve para que podamos prepararnos para recibir el sacramento que nos une.

Por tanto, debemos profundizar y ser conscientes del significado real que tiene el rito de la paz dentro de la celebración eucarística. No hay que reducirlo a un simple saludo que nos distraiga y nos haga perder la concentración en el sacrificio de Jesús quien se entrega por ti y por mí.

Es Jesús el único que puede darnos esa paz que el mundo no puede, aquella que puede apartar el miedo de todo nuestro ser: “Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo” (Jn 14,27).

About Daniel Alberto Robles Macías

Daniel, Abogado de profesión y católico por convicción; entregado de tiempo completo a la evangelización. "No tengan miedo de mirarlo a Él" San Juan Pablo II

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