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No todo es lo que parece

Luis era un joven estudiante de Ingeniería y estaba a punto de graduarse. Todos los días al salir de la universidad le gustaba pasar por una prestigiosa agencia de autos. Los ojos se le llenaban de emoción cada que veía un fabuloso auto deportivo en color rojo. Admirado, duraba varios minutos parado frente al cristal que albergaba el automotor. Él, a sabiendas que su padre tenía el suficiente dinero como para comprárselo, le dijo que ese era el regalo ideal por su graduación.

Llegado el día de la graduación, su padre lo mandó llamar a su oficina. Luis estaba más que contento; no podía creerlo, estaba a punto de recibir su auto deportivo convertible que tanto había soñado. Ya sentado en el sofá frente a padre, éste comenzó diciéndole lo orgulloso que estaba de tener un hijo ingeniero, que admiraba su esfuerzo y su dedicación durante toda su preparación y además le manifestó lo mucho que lo amaba. En sus manos tenía una caja cuidadosamente envuelta en papel de regalo. Luis, con la emoción en las manos abrió la caja. Cuál fue su disgusto cuando en el interior de la caja encontró una hermosa Biblia forrada en cubiertas de piel y al frente su nombre escrito en letras de oro.

Decepcionado y envuelto en cólera, la tomó entre sus manos y gritó a su padre diciéndole: “¿Esto es lo único que te merezco? ¿Una Biblia?”, inmediatamente la lanzó a su escritorio y se fue corriendo de la casa. Pasaron los días, los  meses y los años y Luis no volvió a casa, el coraje hacia su padre se había instalado en su corazón. Luego de muchos años, formó una bonita familia y logró fundar su propia empresa.

Un día se enteró que su padre había enfermado gravemente y pensó que debía visitarlo después de tantos años. Pero luego de unas horas, ya era tarde y su padre ya había fallecido, avisado por los trabajadores de su padre le indicaron que lo había nombrado heredero universal de todas sus posesiones; por lo tanto, debía acudir lo más pronto posible para arreglar todos los trámites necesarios.

Al llegar a la casa de su padre, los recuerdos comenzaron a llenar su mente. La tristeza y el arrepentimiento llenaron su corazón. Ya en la oficina de su padre, empezó a revisar todos los documentos importantes y entre todos esos papeles, encontró aquella Biblia que su padre le había dado.

Tomándola entre sus manos, con lágrimas en los ojos, la abrió y empezó a hojear  cada una de sus páginas. Cuando llegó al Evangelio de Mateo, observó que su padre había subrayado un verso que decía: “Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan! (Mt 7, 11) Mientras leía estas palabras, unas llaves de auto resbalaron de la Biblia y una tarjeta colgaba de las mismas. Al recoger la tarjeta, observó que estaba escrita la fecha del día de su graduación y las palabras: “YA ESTÁ TOTALMENTE PAGADO”.

¿Cuántas veces te has enojado con Dios porque no te concede lo que tú esperabas? Dios desea derramar abundantes bendiciones en todos. Nos quiere dar más de lo que nosotros le pedimos o entendemos, pero para poder recibirlo debemos estar más cerca de Él, confiar en su providencia y en sus tiempos. Sólo así podremos descubrir verdaderamente todo lo que tiene para nosotros.

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