Me hirieron y me resisto a perdonar… ¿qué hacer?

Hace tiempo un profesor muy sabio, hablando sobre las parejas de matrimonio, dijo en una de sus clases- jóvenes, no busquen en su pareja la típica frase de “te amaré por siempre”, mejor busquen a una persona que pueda verte a los ojos y decirte: te lo perdonaré todo- y agregó – y si ustedes no están dispuestos a perdonarlo todo mejor no se casen-. Esta frase provocó, como ya se imaginan, un gran revuelo en ese grupo, algunos decían que no era posible decir eso a una persona.

¿Cómo era posible perdonar todo? Algunos decían – ¿Y qué tal si me es infiel esa persona? o tantas cosas que pueden pasar… ¡No es posible hacer esa promesa!- Decían algunos. A lo largo de esa clase el profesor fue explicando que no se puede prometer amar por siempre a alguien si uno no esta dispuesto a perdonar todos los errores y defectos de la otra persona, aquí solo quiero hacer una aclaración, perdonar todo no significa permitir cosas que atenten con la dignidad o vida de la persona, aun así debemos estar dispuestos a perdonar, incluso si es necesario tomar una sana distancia en situaciones extremas.

Perdonar, significa aceptar por completo a la persona que un día se ha elegido en el altar, significa que si cae la otra persona o comete un error, sea cual sea, podremos estar a la altura de ello, perdonando y buscando la forma de salir juntos de los problemas. Cuando alguien se cierra a la posibilidad de perdonar, se pudiera decir que esa persona para ser justa, no podría equivocarse ya nunca, porque pedir perfección de las demás personas implicaría en justicia “dar lo que uno pide” ¿no? Y ¿quién es perfecto en ésta vida? La noticia aquí es que no existe ningún ser humano perfecto, todos y cada uno de nosotros somos imperfectos, lastimamos constantemente a las personas que nos rodean, incluso cuando no queremos hacerlo, hay ocasiones que por una mala entonación o un mensaje mal escrito podemos causar malestar a alguien. Cuántas veces no hemos hecho cosas de las que después nos arrepintamos, que quisiéramos que nunca hubiéramos hecho o dicho ciertas cosas.

Cuando alguien se equivoca puede toparse con dos situaciones ante su pareja, una sería el rencor y desprecio de la otra persona, a veces hasta con una venganza sobre el mal que se hizo, esto no solo crea más distancia, si no, que aumenta más y más el dolor en ambos y puede convertirse en un circulo vicioso de un “si me la hace, me la paga”. La segunda situación es toparse con la persona que se le hizo el daño con el corazón abierto perdonando lo que le hiciste y dispuesta a luchar por ti y por la relación, esto por supuesto no exime el dolor que se le causó, incluso lo ideal sería reparar el mal hecho. Claro que ante una traición o un mal trato, se sufre, pero una cosa es el dolor y otra el perdón.

Perdonar supera el dolor, va por encima de éste y lo creas o no tiene un efecto completamente terapéutico, mientras más profunda sea tu capacidad para perdonar, más rápido podrás sanar. Y en este punto podemos citar a San Francisco de Asís quien dijo Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre yo amor; donde haya ofensa, perdón; donde hay duda, fe; donde hay desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; donde haya tristeza, alegría.” Sólo así podremos amar de verdad.

Es sano que cada persona se pregunte si es capaz de perdonar al otro, porque sólo así puedes darte cuenta del tamaño que tiene tu corazón, por decirlo de algún modo. Te puedes dar cuenta de la capacidad de amar que tienes, porque la noticia es que quien no sufre, no ama, el amor se forja en las pruebas, así que ¡animo! Cuando sientas que pierdes el camino no olvides nunca estas palabras:

“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante.

No se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido.

El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1Cor 13, 4-7)

 

About Ana Gabriela Mayorga Novo

Lic. en Pedagogía y maestranda en Bioética. Cree firmemente que la solución de todos los problemas que aquejan al mundo comienzan en el núcleo familiar y en el interior de las personas.

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