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¿Por qué los Papas se cambian de nombre?

Todo empezó a partir del año 533 d.C. con el Papa Juan II, quien antes de ser elegido Sumo Pontífice su nombre de pila era “Mercurio”, nombre pagano que hacía referencia a un dios de la mitología romana. A partir de su muerte, comenzó así la tradición de cambiar el nombre por algún apóstol, mártir o algún Papa anterior en la Iglesia.

El cambio de nombre tiene un gran significado en la Biblia. Dios lo hizo con varios personajes en razón a la misión que les había sido encomendada, tales como Abraham: “No te llamarás más Abram, sino Abrahán, pues te tengo destinado a ser padre de una multitud de naciones” (Gn. 17,5) Jacob: “En adelante ya no te llamarás Jacob, sino Israel, o sea Fuerza de Dios, porque has luchado con Dios y con los hombres y has salido vencedor” (Gn 32, 29). También Jesús lo hizo con Pedro: “Y se lo presentó a Jesús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra)” (Jn 1, 42).

Por tanto, cobra sentido el que ahora los Papas hagan lo mismo tras ser elegidos sucesores de San Pedro, pues con ello su vida ha tornado un nuevo sendero al convertirse en la cabeza de la Iglesia.

Dentro del Cónclave, una vez que es elegido canónicamente el Pontífice y éste acepta su designación se le pregunta “Quo nomine vis vocari?”, es decir, ¿Con qué nombre deseas ser conocido? A lo que él responderá: “Vocabor ….”, “Me llamaré …”, inmediatamente después de elegir su nombre, se levanta el acta de la aceptación del nuevo Pontífice y del nombre que ha tomado. Convirtiéndolo así en Obispo de la Iglesia romana universal, en verdadero Papa.

La elección del nombre es algo muy personal de cada pontífice. Los factores para elegir uno pueden ser muy variados. Desde buscar honrar a algún predecesor hasta por un sentido afectivo o significativo para su vida. Tal es el caso del Papa San Juan Pablo II quien decidió rendir homenaje a su antecesor Juan Pablo I. Lo mismo Benedicto XVI, en honor al Papa Benedicto XV, quien gobernó en los momentos más crueles de la Primera Guerra Mundial.

Significativa es la elección del nombre del Papa Francisco, quien relata que gracias a las palabras que el cardenal Claudio Hummes le dijo tras haber sido elegido pontífice: “No te olvides de los pobres” de manera inmediata lo relaciono con San Francisco de Asís, siendo éste el nombre que debía tener. Pues como ya lo ha expresado, su deseo es: “¡Ah, ¡cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!”.

Para muchos, el nombre que un Papa elija, definirá ciertas características de su pontificado, la visión y el trayecto que va a recorrer. A lo largo de toda la historia de la Iglesia se han elegido 81 nombres.

Los nombres más usados por los Papas son: Juan (23) Gregorio y Benedicto (16) Clemente (14) León (13) Inocencio (12) Pío (12) Esteban (9) Urbano (8) Alejandro (7) Adriano y Pablo (6) Sixto, Martín, Nicolás, Celestino (5) Anastasio y Honorio (4).

 

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