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La Virgen María y los santos… ¿interceden por nosotros?

La intercesión de los Santos

Un gran regalo que Jesús nos ha dejado es la maternidad de María, su Madre. Pero nuestros hermanos protestantes afirman que como católicos cometemos un gran error al elevar nuestras oraciones a Nuestra Madre y a los Santos, pues afirman, que les otorgamos un poder sobre la tierra para responder a nuestras oraciones, cuando Cristo es el único que puede interceder por nosotros ante Dios.

Sustentan su dicho con la Primera Carta a Timoteo del Apóstol San Pablo que dice: “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos” (1Tm 2, 5-6). Ahora bien, tenemos que entender correctamente este pasaje para comprender por qué lo hacemos.

Nosotros, los católicos, no contradecimos las palabras del Apóstol Pablo, es más, me gustaría sumar también las de Cristo cuando afirmó: Nadie viene al Padre sino por mí” (Jn 14, 6). Por lo tanto, está claro que para llegar a Dios Padre sólo lo podremos hacer a través de Jesús, el único y verdadero mediador entre todos los hombres. De eso no nos queda ninguna duda.

Sólo Jesucristo es quien nos da la salvación. Los católicos no creemos que los santos nos salvan ni tampoco los consideramos al mismo nivel que a Dios; ellos solamente interceden por nosotros. Todas las oraciones que  dirigimos a María y a los santos, son presentadas a Dios Padre, gracias a la mediación de Jesús.

Y es que rezar a María y a los santos por nuestras necesidades es ya una tradición muy antigua. La Iglesia misma lo recomienda: “La doctrina de la Iglesia y su Liturgia proponen a los Santos y Beatos, que contemplan ya “claramente a Dios uno y trino” como: […] – intercesores y amigos de los fieles todavía peregrinos en la tierra, porque los Santos, aunque participan de la bienaventuranza de Dios, conocen los afanes de sus hermanos y hermanas y acompañan su camino con la oración y protección” (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia N° 211).

San Pablo nos exhorta a ser comunión entre todos como miembros de la Iglesia: “Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo en favor de todos los santos, sus hermanos” (Ef 6, 18). Nosotros también somos intercesores cuando pedimos a Dios por tantos hermanos que se encuentran necesitados, allí también nuestras oraciones sólo llegarán al Padre por Cristo.

Nuestra Madre en el cielo juega un papel importante en la intercesión de todos sus hijos. Recordemos que la Escritura nos relata cómo ella, tras comunicarle a Jesús la escasez del vino en las bodas de Caná, logra que lleve a cabo su primer milagro (Jn 2, 1-11). Es así como María, al ser portadora de nuestras necesidades, las presenta ante su Hijo, quien, por amor a su Madre, las lleva a Dios Padre.

Para saber que la oración que es presentada a los santos ha sido eficaz, las causas de beatificación y canonización son la muestra, pues son en respuesta a tantos milagros atribuidos a la intercesión de todos ellos. Si  todos los santos que ahora están en presencia de Dios a quien ven cara a cara y participan de su gloria, ¿por qué no pedirles ayuda? Al contrario, continuemos elevando nuestras oraciones a María y a todos los Santos quiénes interceden por cada uno de nosotros a Jesús, el único mediador ante el Padre.

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