DIOSLa Charla DominicalReflexiones

La tentación es un animal salvaje

Hoy queridos amigos estamos iniciando la cuaresma, el tiempo de preparación para celebrar el más grande misterio de nuestra fe, la Pascua del Señor. Durante estos 40 días debemos aprovechar para reflexionar, hacer una autoevaluación de nuestro caminar y preparar nuestro corazón.

Escuchamos en el Evangelio de Marcos (Mc 1, 12-15)  que “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, donde permaneció 40 días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían” Marcos nos presenta que el Espíritu llevó a Jesús al desierto, lo cual es muy importante porque allí en el desierto es el lugar de la prueba, es un lugar de combate espiritual, es el lugar donde se puede escuchar la voz de Dios o la voz del enemigo.

El desierto nos debe ayudar a descubrir qué estamos haciendo mal; qué caminos nos alejan de Dios. Dice el texto que allí en el desierto, Jesús vivió entre animales salvajes. Éstos representan todas las tentaciones que enfrentó. La tentación es violenta, salvaje, busca devorarnos y acabar con nosotros.

Hay 2 tipos de tentaciones que enfrentamos: las de afuera y las del interior del corazón. Las de afuera son las que nos presenta el enemigo, los “amigos”, el dinero, la carne, el mundo, el ambiente que nos arrastra. Las del interior del corazón son nuestros mayor enemigo, éste no está afuera, sino dentro de nosotros mismos: mi egoísmo, mi soberbia, mi vanidad, la crítica, la hipocresía, etc. Todas son violentas y buscan acabarnos.

Pero a pesar de que vivía entre animales salvajes, también Marcos dice que los ángeles lo servían. Esto nos invita a descubrir que en medio de la pruebas o de las dificultades, No estamos solos. Nuestro ángel de la guarda nos ayuda a combatir la lucha y también el Espíritu Santo nos asiste, nos guía, nos ampara.

Por eso, así como los gimnasios están llenos  para ejercitar el cuerpo, también en la cuaresma se nos invita a ejercitar el alma a través de 3 acciones concretas: oración, ayuno (penitencia) y limosna (caridad).

Dejemos que el Espíritu Santo obre maravillas en nuestras vidas, debemos ser dóciles a Él, hay que dejarnos conducir por Él, por donde nos guíe, ya que quiere hacer de nosotros, nuevas criaturas. En esta cuaresma abramos a la conversión de corazón, ya que al final del Evangelio escuchamos una fuerte invitación: Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

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