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¿La Comunión debe recibirse en la boca o en la mano?

Hace unos días veía la transmisión de una misa por internet y me percaté que, en el momento de la Comunión, había algunas personas que recibían la sagrada Comunión en la boca y otras la recibían en la mano. Y me pregunté ¿Cuál es la forma más apropiada para recibir este Sacramento? ¿Qué dice la Iglesia Católica al respecto? Esto fue lo que descubrí.

Comulgar en la boca es la práctica más común y preferida en la Iglesia por guardar el mayor respeto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía. En las antiguas comunidades cristianas se acostumbraba a recibir la Comunión en la mano y así llevarla a la boca. Pero con el tiempo comenzaron a surgir diversas opiniones en contra de continuar repartiéndose de esta manera.

Por lo tanto, en 1969 la Iglesia publicó la instrucción Memoriale Domini, documento mediante el cual el Papa Pablo VI, tras haber convocado la opinión de todos y cada uno de los Obispos de la Iglesia su parecer para introducir la Comunión en la mano, concluyeron en que no se debía cambiar la ya vigente. Pues, de permitir esta práctica, se abriría la puerta a la profanación y existiría el peligro de que partículas de la hostia pudieran caer al piso, lo que provocaría una pérdida en la reverencia al Santísimo Sacramento. En consecuencia, el Santo Padre decidió mantener la forma tradicional de recibir la Comunión en la boca.

No obstante, a través de dicho documento, la Santa Sede indicó que, si la práctica de recibir la Comunión en la mano ya estaba arraigada en algún lugar, era tarea de las Conferencias Episcopales, realizar un prudente estudio y tomar los oportunos acuerdos, en votación secreta y por dos tercios de los votos; acuerdo que debía ser confirmado por el Vaticano para su autorización. Siendo esto una excepción a la ley universal de la Iglesia. Procedimiento que permitió que esta forma de recibir la sagrada Comunión fuera aceptada en la universalidad católica.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a través de la Instrucción Vaticana Redemptionis Sacramentum en su numeral 92 refiere lo siguiente:

Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano”.

Por lo tanto, queda claro que, si está permitido en nuestras Diócesis con aprobación de la Santa Sede, podemos recibir la Eucaristía en la boca o en la mano. Pero hay que ser conscientes de a quién estamos recibiendo, es a Cristo vivo, en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Lo que nos invita a guardar el mayor respeto y honor posibles.

Si acostumbras recibirla en la mano, quiero compartirte estas palabras de San Cirilo de Jerusalén:

Dime: si alguno te hubiera dado polvos de oro, ¿no lo guardarías con todo esmero y tendrías cuidado de que no se te cayese ni perdiese nada? Y ¿no debes cuidar con mucho mayor esmero que no se te caiga ni una miga de lo que es más valioso que el oro y las perlas preciosas?”.

La Eucaristía es un regalo y como tal debe valorarse. Yo, personalmente, prefiero recibirla en la boca, pues es el mismo Cristo, a través de las manos del Sacerdote o del ministro, que me alimenta con el pan eterno, tal como lo hace un padre con sus hijos.

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