La Charla DominicalReflexiones

¿Escuchamos a Dios o nos hacemos sordos?

Charla Dominical

Queridos amigos, en este Domingo, el Señor quiere hablarnos directo al corazón, quiere sanar nuestra indiferencia, para que podamos escuchar su Palabra y las necesidades de nuestros hermanos, y podamos hablar de Él a todo el mundo.

El Evangelio de hoy (Mc 7, 31-37) nos relata la curación que hizo Jesús a una persona que se encontraba sordo y tartamudo; lo sanó, lo reincorporó y lo habilitó para que fuera su testigo en medio de la Comunidad.

Llama la atención de este milagro la forma en la que Jesús lo llevó a cabo, ya que dice que cuando le llevaron a esta persona, Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva, miró Jesús al cielo y luego dijo: “Effetá”, que quiere decir ábrete.

Muchas veces también nosotros nos encontramos sordos a lo que Dios nos pide, estamos como incapacitados, aturdidos o tapados de los oídos. Como cuando estamos en una fiesta con el ruido a tope y, al salir del lugar, sentimos que los oídos nos zumban y no oímos con claridad. Sin embargo, vemos que Jesús siente compasión por los débiles, los enfermos, los marginados y los pecadores… siente compasión por todos nosotros.

Pero también, estamos sordos a lo que pasa a nuestro alrededor, a las necesidades de nuestros hermanos. La pobreza y la marginación nos hablan de injusticia y desigualdad, las calles sucias nos hablan de abandono, las familias desunidas nos hablan de falta de amor e interés, tantos matrimonios deshechos nos hablan de poco compromiso o infidelidad. Esta sordera nos la provoca una de las más grandes enfermedades espirituales de nuestro tiempo, la indiferencia.

Cada Domingo el Señor nos da un mensaje de amor y de esperanza, el cual quiere producir un cambio en nosotros, pero no le permitimos obrar el milagro en nuestras vidas. Además, debemos reflexionar en cuántas veces nos ha visitado el Señor y nos ha hablado en: las palabras de un hermano, en el consejo prudente de nuestros padres, en las palabras de consuelo de un bueno amigo… y hemos estado sordos y necios, hemos sido indiferentes y hasta arrogantes y no hemos descubierto su presencia.

Hoy me queda muy claro que Jesús se quiere acercar a cada uno de nosotros para terminar con la incomunicación humana, ya que cuando lo dejamos actuar en nuestra vida, los que no se comunican, ya pueden hablar; y los que no oyen, ya pueden escuchar.

Es curioso ver cómo el evangelio comienza diciendo que unas personas llevaron a este enfermo hasta Jesús, esto me hace pensar que su enfermedad lo incapacitaba de alguna manera para valerse por sí mismo. A lo mejor su enfermedad lo mantenía desesperado, desanimado o no tenía ganas. Esto nos habla de que, aunque nosotros sí escuchemos su Palabra, a lo mejor a nuestro alrededor, puede haber hermanos que necesitan de nuestra ayuda para llevarlos hasta el encuentro con Jesús.

Termino recordando las palabras del profeta Isaías: “Digan a los de corazón apocado: ¡Ánimo! No teman”. No perdamos nunca la esperanza, Cristo Jesús está en nuestra vida para sanarnos.

Tags
Show More
Close