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El demonio no existe

“El demonio no existe” eso es lo que muchos nos han querido hacer creer. Pero muchos de los Papas lo que nos han dicho es que uno de los grandes aciertos del demonio en nuestros tiempos es hacernos creer que no existe. Pero esto, no es cierto. El demonio SÍ existe, es real y puede afectar tu vida, tanto y cuanto tú se lo permitas.

En la Palabra de Dios, el demonio se representa en el símbolo de la serpiente y hoy quiero encuadrar en este marco de las serpientes cómo es que el demonio actúa en nuestra vida. Quiero tomar 3 características de este reptil para que tu y yo podamos detectar cómo el demonio quiere actuar en nuestro corazón.

1.-Siempre están pegadas al suelo y se arrastran: La víbora se arrastra y siempre se encuentra pegada al suelo. Y es que el demonio siempre quiere que nosotros siempre vivamos pegados a las cosas materiales y que seamos incapaces de levantar nuestros ojos hacia Dios.

2.-Se camuflajean para despistar a la víctima: Dentro de las habilidades de la serpiente es que tiene la habilidad de hacer creer a su presa que no está cerca de ella y logra ocultarse en el ambiente. Y así es el demonio, hace creer en nuestra vida que no está presente, pero siempre está allí para inyectar el veneno del pecado.

3.-Son mortales por veneno, violencia o estrangulamiento: Este veneno que nos inyecta es mortal y se llama pecado. Este que nos puede llevar a la condenación eterna.

La tentación siempre estará presente en la vida del cristiano. No olvides que la tentación no es lo mismo que el pecado. La tentación estará siempre buscando que nosotros caigamos en sus garras. Pero tenemos la gracia, esa ayuda que Dios nos da para superar la tentación y glorificarlo con la perseverancia en la fe.

San Pedro dice: “el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.” (1 Pedro 5, 8). Asimismo, San Pablo nos consuela diciendo: “«Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad»” (2 Co. 12, 9). Es decir, que la gracia que el Señor nos da en el Sacramento siempre sera el sólido escudo para luchar contra la tentación y las asechanzas del demonio.

Quiero invitarte a que te acerques al Sacramento de la reconciliación y encuentra en la gracia de Dios ese escudo que te protegerá de todas los ataques del demonio. 

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