¿Dios prohibe los juegos de azar?

Mi abuelo era un fiel aficionado de los juegos de azar, cada semana apostaba a una serie de números que debían coincidir con los sorteados al final del día. Más de alguna vez, fue afortunado en atinar y llevarse a casa una que otra cantidad de dinero. Esta era una actividad que lo mantenía entretenido y activo durante la tarde. Ahora yo me pregunto… ¿Cómo católicos hasta dónde podemos participar de estos juegos?

El juego del azar como diversión y recreación no es inmoral. Pero debemos tener cuidado, pues si bien, puede aportarnos de un bien momentáneo también podemos hacernos caer en el abuso de éste. La Iglesia Católica no prohíbe su práctica, pero sí nos alerta sobre su uso. En el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 2413 nos dice: “Los juegos de azar (de cartas, etc.) o las apuestas no son en sí mismos contrarios a la justicia. No obstante, resultan moralmente inaceptables cuando privan a la persona de lo que le es necesario para atender a sus necesidades o las de los demás. La pasión del juego corre peligro de convertirse en una grave servidumbre”.

Por lo tanto, si bien participar de los juegos de azar no resulta estar prohibido, esto no significa que no podamos caer en una adicción a ellos. Pues cuando por su práctica constante se pone por encima de las obligaciones y necesidades básicas como la familia, la escuela o el trabajo es totalmente injusto. Pues es muy diferente jugar lotería en familia apostando monedas de peso que grandes cantidades de dinero en un casino. El juego de azar se puede convertir fácilmente en una adicción peligrosa y dañina, la cual podría destruir tu vida, tu familia o el patrimonio para tus hijos.

Actualmente hay muchos casos de personas que llegan a apostar e invertir en los juegos más dinero del que debieran, mismo que podrían invertir en las necesidades verdaderas como comida, educación, familia, ropa, etc. Las personas que son adictas al juego pueden llegar a provocar grandes sufrimientos y problemas a su familia y a la sociedad.

Cuando alguien maneja un fuerte grado de adicción al juego, logra sobreponerlo ante todo, en consecuencia termina por aislarse cada vez más de los demás. Su vida comienza a perder calidad y sentido pues el juego se convierte en su mayor prioridad.

Qué triste es pensar que mientras algunos despilfarran su dinero en grandes apuestas, hay muchas personas que no tienen ni lo esencial para subsistir dignamente. ¿Dónde quedó la dignidad humana? ¿Qué tanto también te preocupas por el otro? Hemos sido creados para vivir en libertad y en plenitud. No te dejes llevar por la ambición ni el deseo de tener más y más. Dios es el único que puede darnos y quitarnos lo que tenemos y lo que no.

 

About Daniel Alberto Robles Macías

Daniel, Abogado de profesión y católico por convicción; entregado de tiempo completo a la evangelización. "No tengan miedo de mirarlo a Él" San Juan Pablo II

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