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Dios es un arqueólogo

¿Quiénes son los arqueólogos? Ellos son los que se encargan de rescatar a una cultura que ha sido enterrada. Al rescatarla la restauran, restauran todo su pasado. Mismo que muestran al mundo para que las generaciones presentes y futuras las conozcan en todo su esplendor. 

Una frase de un famoso historiador nos dice: “Pueblo que no conoce su historia, está condicionado a repetirla” Por eso, la tarea del arqueólogo es indispensable para que la historia de un pueblo permanezca viva y sea conocida por todo el mundo.

Antes de que los arqueólogos lleguen a las zonas arqueológicas y rescaten lo que es parte de una cultura. Estas construcciones se encuentran debajo de la tierra, cubiertas por los árboles, la maleza y los pastos que hasta que no son removidos permiten que tales monumentos salgan a la luz. 

Así mismo sucede con el pecado. Que cuando se hace presente en nuestra vida, la va enterrando, la va deformando. E incluso el pecado nos hace olvidar esa identidad de hijos de Dios. Es allí, cuando Dios toma ese papel de arqueólogo, que nos rescata del pecado y nos restaura de pies a cabeza. 

Cuantas culturas que fueron sepultadas que en su mejor momento gozaban de un esplendor, gloria, belleza, y poder queda reducido a nada a través de los años. De la misma forma, la vida del cristiano puede alcanzar grandes ideales con la gracia de Dios. Pero, al elegir el pecado vamos siendo sepultados, reducidos a nada.

Cuántas cosas has ido acumulando en tu vida de pecado que te han hecho perder tu intimidad con Dios, tu identidad de hijo, tu ser cristiano. Jesús es ese arqueólogo que quiere rescatarte y restaurarte. Él extiende su brazo para levantarte de la sepultura de tu pecado y todo a través de los Sacramentos.

¿Qué pecado vive arraigado en tu corazón que no te permite experimentar la gracia y el amor de Dios? Para poder ser rescatado y restaurado por Dios se necesitan 3 cosas:

1.-Conocimiento: Debes conocer tu pasado, reconocer cuál es esa piedra que te sigue haciendo caer en el mismo pecado. Sólo así podrás encontrar el remedio adecuado.

2.-Vigilancia: Una vez que reconoces tu pasado y todo aquello que te ha hecho volver a pecar, debemos estar atentos, con los ojos abiertos para que no volvamos a caer.

3.-Gracia: Acércate y deja que Dios te rescate y te reconstruya. ¡Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor!

 

 

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