+ IglesiaSABER +

¿Dios abandonó a Cristo en la cruz?

Hay algunas que de la Pasión de Cristo pudiéramos preguntarnos, una de las son la expresión de: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46). Estas palabras pronunciadas por Cristo en la cruz me hacen preguntarme ¿cómo Jesús siendo el Hijo del mismo Dios, experimentó la soledad y el abandono de su Padre?

Jesús con estas palabras citaba el Salmo 22, que expresa el sentir de aquel hombre que se experimenta abandonado y solo, en medio del propio sufrimiento, pero que clama con confianza a Dios en busca de su ayuda.

Cristo está sufriendo enormemente, tanto física como espiritualmente en la cruz, pero hay que tener en cuenta de que su poder divino no interfiere en su dolor, para mitigarlo o eliminarlo. Por lo tanto, como cualquier ser humano siente en carne propia el abandono y la tristeza al verse humillado y olvidado por aquellos que se decían sus amigos, sus seguidores.

En su vida terrenal, Jesús fue verdadero hombre con todo lo que eso implica, fue igual que todos nosotros, menos en el pecado; en consecuencia, experimentó el dolor, las dificultades, las alegrías, las decepciones y la soledad. Ya nos dice San Pablo en la Carta a los Hebreos: “Nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, pues ha sido probado en todo igual que nosotros, a excepción del pecado” (Heb 4, 15). Así que si alguien entiende la vida humana, es Cristo mismo.

En ese sentido, a través de su Pasión se une con todos aquellos que viven el sufrimiento, o cualquier necesidad que haya en el corazón de todo hombre. Él se muestra como un refugio seguro y un puerto de consolación que devuelve la paz en esos momentos. Cuando alguien sufre, por quien se puede sentir comprendido y acompañado es por el mismo Jesús.

Esas palabras de Jesús en la cruz nos muestran que, a pesar del suplicio de la cruz, Él mantenía una alianza fuerte y constante llena de confianza en el Padre; entonces, al clamar de esa manera a su Padre Dios, no son palabras de desesperación, sino de plena y total confianza. Así nos lo demuestra el salmo en líneas posteriores: “En ti esperaron nuestros padres, esperaron en ti y tú los liberaste, a ti clamaron y quedaron libres, esperaron en ti y no fueron defraudados” (Sal 22, 5-6).

Podemos decir que Jesús fue abandonado por el Padre en el sentido de que no lo libró del sufrimiento de la crucifixión. Pues se sometió a su Voluntad por obediencia y amor. “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22, 42).

Cristo nos enseña a que, aún en las dificultades, en el abandono y la desesperación debemos clamar con confianza al Padre. No hay grito de socorro acompañado por la esperanza que Dios no escuche ni atienda. En ocasiones pareciera que las circunstancias son más grandes que nosotros mismos, que nos ciegan y condenan nuestra fe al exilio. Pero con mayor razón en estos momentos es que hay que voltear los ojos al cielo y creer que Dios nunca nos va abandonar.

Close