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¿Qué debemos hacer antes de recibir la Comunión?

Dice San Agustín: “Nadie coma el cuerpo de Cristo sin adorarlo primero” ¿Somos conscientes de a quién recibimos en la hostia? ¿Qué pensamientos pasan por nuestra mente al ir formados en la fila antes de recibir la comunión? ¡Es Cristo! Cristo mismo, que se entrega libremente por nosotros en un pequeño pedazo de pan.

Me ha tocado ver a tantas personas que se han acostumbrado a recibirlo sin la más mínima reverencia ni piedad. Muchos que de manera automática sólo abren su boca, lo reciben y viven ese momento como si hubiesen recibido cualquier alimento ¡Que tristeza!

Cada que estamos frente a Cristo Eucaristía debemos manifestar nuestra reverencia y respeto: ya sea arrodillándose al pasar delante del Sagrario o haciendo genuflexión (doblar una rodilla o ambas). Del mismo modo cuando Nuestro Señor se encuentra expuesto en la custodia. Por tanto, si esto es cuando sólo pasamos frente a Él ¿No sería apropiado hacer un signo de reverencia y adoración antes de recibirlo en la Sagrada Comunión? Por supuesto que sí, la Iglesia misma nos recomienda hacerlo así.

Mediante un documento publicado por la Iglesia llamado Redemptionis Sacramentum, el cual es la guía para la correcta aplicación del Misal Romano y de los ritos para la adoración del Santísimo Sacramento, nos dice en su numeral 90:

«Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos, con la confirmación de la Sede Apostólica. Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, que deben establecer las mismas normas».

En varios países la Iglesia ha establecido que los fieles debemos recibir la sagrada Comunión de pie. Además, que antes de comulgar debemos hacer una inclinación de cabeza para expresar nuestra reverencia ante quien estamos a punto de recibir.

Ahora bien, si tu deseo es recibir la Comunión de rodillas, puedes hacerlo sin ningún problema, es también un gesto de reverencia. También dice el mismo documento antes citado:

Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohíba, debe ser admitido a la sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie” (Redemptionis Sacramentum 91).

Podemos elegir cualquier de estas dos formas para antes de comulgar, lo importante es que manifestemos un signo de respeto y reverencia ante Cristo Nuestro Señor, el creador de todo cuanto existe. Quien se ha querido quedar y habitar nuestro corazón y merece toda nuestra adoración.

Una vez que has comulgado de regreso a tu lugar, platica con Jesús. Lo tienes allí en tu boca, está presente en Cuerpo y espíritu y desea sanarte, desea escucharte. ¡El cielo mismo está habitando tu cuerpo! ¡Qué regalo tan grande! Que nada ni nadie te distraiga, ese momento es sólo para ti y el Señor. ¡Haz que valga la pena su presencia en tu vida.

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