+ DIOSLa Charla Dominical

Debemos fijar nuestra mirada en Jesús

En este domingo el Señor quiere que lo reconozcamos como el cordero de Dios, esto sólo tendrá lugar hasta que fijemos nuestra mirada en su persona.

En el Evangelio de hoy escuchamos la vocación de los primeros discípulos de Jesús, en donde atestiguamos que el seguimiento de Cristo nace de la escucha de un testimonio convencido, en este caso como el de Juan el Bautista, quien les presenta a Jesús como el Cordero de Dios.

¿Qué hizo que Juan el Bautista pudiera reconocer a Jesús como el cordero de Dios? Sin lugar a dudas, esto fue consecuencia de que. como lo dice hoy el Evangelio, Juan tenía fija su mirada en Jesús. Esto nos dice que cuando nuestra mirada y nuestro corazón están fijos en Dios, podremos reconocerlo y podremos aceptarlo.

Muchas veces tenemos un conocimiento teórico de Jesús, pero en la experiencia, nuestra mirada y nuestro corazón se encuentran instalados en las cosas del mundo. Muchas veces nuestra mirada hacia Jesús es una mirada débil, distraída, sin fuerza y sin amor… una mirada superficial, convenenciera o por encimita.

 El mismo San Pablo hoy nos da un ejemplo en esto, ya que nos dice: “El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor”. (1 Corintios 6, 13) Cuántas veces lo placeres carnales, las apetencias de este mundo o las vanidades… nos hacen desviar nuestra mirada de Jesús.

El Evangelio  decía que Jesús pasaba por la orilla del mar, también pasa en cada instante por nuestras vidas… por ello debemos regresar nuestra mirada al Señor, pero una mirada profunda y sincera, que parta desde lo más íntimo del corazón, tal como Él nos mira a nosotros.

Una vez que los discípulos escuchan que es el Mesías, siguieron a Jesús, es decir, lo buscaron, tomaron la iniciativa de ir a encontrarse con Él. Y escuchamos que “Jesús se vuelve a ellos”, es decir, cambió su rumbo para encontrarse con ellos. Y cuando ellos le preguntan: “¿Donde vives?” Él les contestó: “Vengan a ver”. (Jn 1, 35-42)

Al final, cuando Andrés experimenta la presencia de Jesús, corre a anunciar que ha encontrado al Mesías… Si en nosotros aún no hay ese deseo de que otros conozcan a Jesús puede ser que no nos hemos encontrado de verdad con Él o bien, que hay apatía o indiferencia espiritual.

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