La Charla DominicalReflexiones

Debemos aprender a confiar en Dios

Charla Dominical

Queridos hermanos, hoy el Señor quiere mostrarnos donde se encuentra la solución al desánimo que se va instalando en nuestros corazones. Debemos poner todo lo que está de nuestra parte, pero también debemos aprender a CONFIAR en la acción misteriosa de Dios en nuestras vidas.

Muchas veces nos pasa que al no ver resultados en lo que hacemos, nos desesperamos y abandonamos las cosas muy rápido. Todos hemos experimentado alguna vez algún tipo de fracaso, sintiéndonos rendidos, cansados y frustrados. Hay que tener cuidado porque el demonio se vale del desánimo para destruirnos.

No olvidemos que no es únicamente nuestro esfuerzo lo que produce el fruto, sino principalmente, es Dios quien hace germinar lo que sembramos. Hoy escuchamos en el Evangelio dos parábolas, la de la semilla que germina y crece por sí sola y la del grano de mostaza. Ambas parábolas nos enseñan que el Reino de Dios tiene una íntima fuerza interior de expansión y de maduración la cual debemos reconocer sin dejar de comprometernos con lo que nos toca.

En la primera parábola descubrimos que la atención se centra en el hecho de que la semilla, echada en la tierra, se arraiga y se desarrolla por sí misma, independientemente de que el campesino duerma o vele. Esto resalta que el protagonista no es el campesino, sino la semilla, lo que nos enseña que Dios es el protagonista en nuestra propia vida, pel la conduce, la orienta y nos ayuda. Sólo su gracia tiene fuerza para conducirnos a la Santidad.

Ante las dificultades que encontramos en nuestra vida, siempre podemos caer en la tentación de pensar que nuestro esfuerzo no está surtiendo efecto y nos desalentamos y desanimamos. A nosotros nos toca sembrar con nuestro testimonio sincero y coherente, y es Dios a quien le toca hacer germinar la semilla y cosechar según su plan.

Cuando nos esforzamos por hacer bien las cosas y no vemos un cambio en los demás, cuando las cosas siguen igual, cuando no vemos un cambio en la familia, en los hijos, en el esposo, en el jefe, en la novia, etc. podemos caer en le desaliento, en la soberbia o en la falta de fe. Recordemos que no somos nosotros los que cambiamos a los demás, sino la acción del Espíritu Santo. A nosotros sólo nos toca sembrar con fe y confiando en la acción de Dios.

No nos desanimemos, hoy vimos que hasta el grano de mostaza, la semilla más pequeña de todas, está llena de vida y crece hasta formarse uno de los más grandes arbustos. Seamos como esta semilla, pequeños, sencillos y pobre de corazón; confiemos en Dios antes que en nuestras propias capacidades. 

No olvidemos la enseñanza central de ambas parábolas: El Reino de Dios requiere nuestra colaboración, nuestra entrega y esfuerzo, pero es ante todo don e iniciativa de Dios.

 

 

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