La Charla DominicalReflexiones

¿Cuánto tienes tú para dar al mundo?

Charla Dominical

Queridos hermanos, en este domingo el Señor quiere que descubramos la gran necesidad que hay de encontrarnos con Dios, ya que estamos hambrientos del pan que da la vida. Hoy vamos a descubrir la importancia de ser hombres eucarísticos, de darnos por completo a los demás.

En el Evangelio de Juan escuchamos el relato de la multiplicación de los panes, en donde vemos a un Jesús preocupado por aquella multitud que lo seguía. Muchas personas seguían a Jesús porque tenían hambre de escucharlo, tenían necesidad de estar con alguien que les ofreciera esperanza.

Jesús, pendiente y preocupado de que aquella multitud no había comido, habla con sus discípulos para darles de comer. Con tan sólo 5 panes y 2 pescados, le dieron de comer a más de cinco mil personas y sobró muchísimo. Debemos reconocer que Jesús es el enviado del Padre, quien viene a saciar nuestra hambre y nuestra sed de ser felices.

Jesús se valió de aquel joven que estaba ahí con sus panes y sus pescados. El joven se encontraba en el lugar adecuado, a la hora apropiada y permitió que Jesús lo usará para bien de toda aquella multitud. ¿Acaso nosotros hemos puesto al servicio de Dios todo lo que tenemos? ¿Hemos permitido que Dios se sirva de nosotros como sus instrumentos para ser el vivo reflejo de su amor? Jesús los invitó a poner TODO LO QUE TENÍAN, sea poco o mucho, y así, él lo multiplicó. Debemos ser generosos y darlo todo para que Dios sea quien lo multiplique.

Se cuenta de una niña de 8 años que un día escuchó a sus padres hablar acerca de su hermanito. Ella sólo sabía que su hermano estaba muy enfermo y que su familia no tenía dinero. Planeaban mudarse porque no tenían el dinero para las facturas médicas. Escuchó que su padre estaba gestionando un préstamo, pero no lo conseguía y que “solo un milagro podía salvarlo.”

La pequeña fue a su cuarto por lo que tenía ahorrado. Salió enseguida de su casa y se fue a la farmacia que estaba a dos cuadras de su casa. Se acercó al mostrador y le dijo al que atendía: “Mi hermanito está muy enfermo y quiero comprar un milagro para que se cure. ¿Cuánto cuestan los milagros?”.

Aquel hombre le contestó que no vendían milagros y que no le podía ayudar. En aquel momento, salió de entre los anaqueles un hombre, se agachó y le preguntó a la niña: “¿Qué clase de milagro necesita tu hermano?”, ella le contestó que no sabía, que había escuchado a su mamá decir que necesitaba una operación y su papá dijo que necesitaba un milagro.

Aquel buen hombre le preguntó cuánto dinero llevaba, y aquella inocente niña le dijo que sólo tenía un dólar y cincuenta centavos. El señor le dijo que era justo lo que costaban los milagros para los hermanitos. Le pidió que lo llevara hasta su casa para revisar al pequeño. Se dice que ese hombre era el Dr. Carlton Armstrong, un gran cirujano, vio al niño y lo operó gratuitamente.

Al terminar la operación, la mamá, llena de alegría y agradecimiento, decía que aquello había sido un verdadero milagro, se preguntaba cuánto había costado aquel milagro. Y su pequeña hija de 8 años solamente sonreía, ella sabía que sólo había costado un dólar con cincuenta centavos.

Dios se valió de esta pequeña niña que puso todo lo que tenía y de la inteligencia y de la buena voluntad de este doctor, para devolverle la salud a este niño. ¿Cuánto tienes tú para dar al mundo? No se necesita mucho, sólo se tiene que ser generoso y Dios lo multiplica. Para dar vida, para contagiar al triste, para sanar al enfermo, para lograr perdonar, para hacer feliz a alguien, no se necesita mucho: sólo un abrazo, un gesto de perdón, una sonrisa o ser amoroso.

Jesús nos necesita siempre, necesita:

  • Nuestro tiempo para visitar a los abandonados
  • Nuestra boca para consolar al triste
  • Nuestra alegría para dar esperanza al mundo
  • Nuestra inteligencia para ayudar al que no sabe
  • Nuestro corazón para amar a todos

Ánimo, seamos generosos y permitámosle a Dios que nos use para realizar en el mundo su obra de amor.

Tags
Show More
Close