¿Cuánto amas a Dios?

En este domingo escucharemos la última parte del discurso apostólico de Jesús. En este texto encontraremos dos ideas centrales, las cuales son las que quiero tomar para mi reflexión: Se nos habla del seguimiento de Cristo y de la recompensa a quien recibe a sus enviados y a sus discípulos.

Dicen por allí que cuando alguien te trata mal difícilmente regresaras al mismo lugar, espero que hoy no sea así aquí, ya que hoy escucharemos una parte de este Evangelio que resulta incómodo o molesto por la exigencia y dureza que nos presenta. Ya que hablamos del seguimiento de Cristo, pone algunas condiciones para este seguimiento tales como: Posponer el afecto familiar, abrazar la cruz de cada día y estar dispuesto a perder por él incluso la propia vida.

“El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no tome su cruz y me sigue no es digno de mÍ. El que encuentra su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 10, 37-42)

Esto pudiera parecernos difícil de comprender, pudiera parecer que Jesús  está en contra del amor a los padres o a los hijos.. No, al contrario, Jesús no nos pide que dejemos a la familia de lado o que no nos preocupemos por ella; pero lo que sí nos está diciendo es que por encima de todo lo que vivimos, en todo lo que hacemos, lo pagamos a Él y a su Evangelio.

Cuántas veces hemos dejado de ir a Misa los domingos porque nos llegó de visita la familia, el primo, el tío, el amigo.. etc.. Muy fácilmente dejamos a Dios de lado y lo pasamos a segundo o a tercer término en nuestra vida.

Si hoy encontráramos una conclusión del cómo tendríamos que seguir al Señor, diríamos que no hay otro modo de seguir a Cristo y de ser cristiano sino amándolo total e intensamente.

También lo referente a perder la propia vida tomando nuestra cruz, nos invita a demostrarle en ese día a día nuestro amor y nuestra fidelidad. Esta fidelidad deberá ser expresada en las pequeñas cosas de la vida ordinaria, en aquellas que parecieran insignificantes y absurdas.

Perder la propia vida por Cristo es estar dispuesto a renunciar a todo aquello que me aparta de Él con tal de ganarlo a Él. ¿Qué precio tú estarías dispuesto a pagar? ¿A qué cosas hoy te llama el Señor a renunciar en tu interior?

 

About P. José Luis González Santoscoy

José Luis es Sacerdote de la Arquidiócesis de Guadalajara, México. Tiene mucho gusto por la lectura, el cine y es un apasionado de la magia. Comprometido con la evangelización a través de los medios de comunicación. [email protected]

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