+ DIOSLa Charla Dominical

Corrige al prójimo con amor

En este domingo el Señor nos invita a vivir en la caridad, la cual la debemos expresar en la corrección fraterna a todos nuestros hermanos. Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Acaso debo preocuparme de los problemas y de los errores de mis hermanos? y la respuesta es sí.

Todos debemos buscar alcanzar la Santidad, esto es lo que nos deberá mover a ayudar a nuestros hermanos cuando se equivocan, o cuando van por el mal camino. Muchas veces no queremos o nos atrevemos a corregir porque nosotros no hacemos eso que pedimos, o bien, por comodidad para evitar un disgusto o un reproche. Pero no corregir al que se equivoca por una excusa de esta no es caridad y no se está mirando por el bien ni la santidad del otro.

El profeta Ezequiel hoy nos exhorta a esta corrección porque Dios así lo pide (EZ 33, 7-99): “Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tu no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida”. Esto quiere decir que cuando nosotros nos damos cuenta del error del otro, debemos ayudarlo a salir de allí, de lo contrario, somos corresponsables de su situación. Dios pedirá cuentas.

Por supuesto que no debemos utilizar la corrección fraterna para desquitar nuestra furia o nuestro rencor. Si alguién me hizo un mal, me espero a que se equivoque para corregirlo, ridiculizarlo y demás. Eso no es correción fraterna. Debemos siempre buscar el bien y la santidad del hermano.

A veces  ponemos muchas excusas para no corregir al hermano y hasta decimos como dijo Caín: ¿Acaso yo soy el guardian de mi hermano? A veces no lo expresamos pero si lo pensamos: Ya esta grande, él sabe lo que hace, no me tengo porque meter en su vida, genio y figura hasta la sepultura, ya no van a cambiar, etc.. Pero hoy el Señor nos recuerda que si somos guardianes de nuestros hermanos.

Cuando alguién se ha equivocado, no nos toca a nosotros juzgar ni condenar, sino ayudar a levantar a quien se ha caído. Nadie debe quedarse indiferente ante los errores de los demás. Muchas veces, a parte de no querer corregir al otro, murmuramos a sus espaldas con críticas por su caída o hasta le echamos en cara su caída o su defecto.

Ánimo, seamos caritativos y corrigimos como nos lo pide el Evangelio, con amor, con paciencia, siendo tolerantes y comprensivos… tal como lo hace Dios con nosotros.

 

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