La Charla DominicalReflexiones

¿Con qué alimentamos a nuestro corazón?

Charla Dominical

Queridos amigos, en este Domingo, el Señor nos invita a vigilar siempre nuestro corazón, porque todo lo bueno o lo malo, sale siempre del interior del corazón.

En el evangelio de hoy, vemos que Jesús nos da una importante catequesis acerca de lo puro y lo impuro. Jesús quiere que purifiquemos todas nuestras intenciones y que hagamos todas las cosas, no sólo de una manera externa y vacía, sino con un amor generoso.

Vemos que Jesús es cuestionado por los escribas y fariseos del porqué sus discípulos no se lavaban las manos. Con esto, Jesús quiere enseñarnos que los actos externos que no están unidos con una recta intención en el corazón, son pura falsedad. Esto mismo nos enseña que una religión que, en la práctica, concede más importancia a los ritos que a la honradez, a la caridad, a la unión con el prójimo, al respeto mutuo o a la práctica del perdón, es una falsa religión. Ya que les contestaría lo que hoy escuchamos en el Evangelio: “hipócritas… este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me da está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”.

El problema con los fariseos es que ellos daban prioridad a la ley sobre el amor, a la norma sobre la persona, a las prácticas rituales sobre las actitudes morales; lo cual los llevaba a una hipocresía religiosa, separando el amor a Dios del amor al prójimo. No eran malas personas, al contrario, eran piadosos y cumplidores de la Ley, pero habían caído en un legalismo exagerado.

Por eso siempre debemos vigilar nuestro corazón, ya que hoy Jesús nos da una grande lección al decirnos que el mal más profundo está dentro de nosotros y que lo que nos mancha no viene del exterior, sino del interior. Nos dice en el Evangelio: “Nada de lo que entra de fuera puede manchar al hombre; lo que sí mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, etc.”.

¿Con qué alimentamos todos los días nuestro corazón, para que de él salgan cosas buenas? Ya vimos que podemos hacer muchas cosas externas, pero lo importante es lo que llevamos en el corazón. Muchas veces, nuestro interior lo alimentamos con odio, rencor, violencia, envidia, impureza, pornografía o pereza… y eso mismo es lo que sale de él, y al final, es lo que hace que nuestro culto a Dios esté también vacío.

Nos puede pasar como a los fariseos, quienes, aunque eran piadosos, descuidaban lo importante. A la gente piadosa que también tiene deseos de santidad, le pudiera pasar que por cuidar más lo exterior, descuide lo principal, la caridad. Nunca olvidemos que los excesivos legalismos pueden matar.

Jesús viene a purificarnos para que de nosotros salgan actos de amor, de felicidad, de perdón, de alabanza y de justicia. Ábrele tu corazón y deja que te purifique.

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