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¿Cómo saber si eres un católico enfermo? Parte 2

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En el capítulo anterior, comentábamos sobre cuáles eran los síntomas que daban señales de ser un católico enfermo ¿Recuerdas cuáles eran?  Si no, te los recordamos, eran: no hacer oración, ya no ir a Misa, dejar de confesarse y la falta de esperanza.

Pero fíjate que no son los únicos, así que pongan atención porque hoy vamos a prevenirte de otros síntomas que también se dan mucho.

1.-Se ha endurecido tu corazón: Cuando vas por la vida con heridas que no has sanado en el corazón, esto te hace encerrarte en ti mismo, lo que te lleva a perder el entusiasmo, las ilusiones y la esperanza. Vives “al día”, no disfrutas cada momento y toda tu vida se vuelve rutinaria. Ten mucho cuidado porque esto te hace insensible a las penas y necesidades de los demás, incluso, de los que están más cerca de ti. Tu tristeza, tu intolerancia y tu falta de caridad te apartan de la gracia, es más, para Dios sólo tienes reproches y quejas. Esta situación comienza hacer que dejes la oración, luego te enfrías y se endurece tu corazón. Por eso, te invito a pensar si tienes alguna herida no sanada en tu interior, para que busques sanarla en cuanto antes. Y si reconoces que ya se ha endurecido tu corazón, acércate a Jesús, Él te sana con su gracia y su amor, búscalo sinceramente en la oración y acércate a los sacramentos. No olvides este consejo de los Proverbios: “Bienaventurado el hombre que siempre teme, pero el que endurece su corazón caerá en el infortunio” (Proverbios 28, 14).

2.-Tienes cara de pepino avinagrado: Me gusta mucho esta expresión del Papa Francisco, con esta frase se refiere a aquellos cristianos que van tristes, apachurrados y, peor aún, quejándose de tantas cosas que viven a diario. Esto me lleva a pensar en tantos católicos que participan activamente en grupos y ministerios parroquiales, pero que en su cara no transmiten alegría y felicidad, más bien, te dejan ver tristeza, amargura y frustración, esto sólo aleja a los demás. Y es que el cristiano tiene que ser una persona alegre, porque el encuentro con Cristo alegra el corazón, y esa alegría que es auténtica y verdadera, no depende de las circunstancias que vivas, sino del encuentro vivo y constante con el Señor. El cristiano debe esforzarse para ser una persona entusiasta y siempre alegre que transmita felicidad en donde se encuentre y de lo que viva. No perdamos nunca el espíritu de alegría, San Juan Bosco siempre les repetía a sus jóvenes: “Quiero verte siempre alegre”. San Pablo también nos lo dice: “Estén siempre alegres, oren constantemente” (1Tesalonicenses 5, 16-17).  

3.-Tienes alzheimer espiritual: Antes de hablarte de este síntoma, me gustaría primero que recordarás cómo fue tu primer encuentro con el Señor, qué sentiste cuando experimentaste por primera vez su amor y su cercanía. En lo personal, fue un momento que iluminó por completo mi vida. No dudo que tú también ya hayas tenido un encuentro con el amor de Jesús, pero, desgraciadamente, hay muchos que han perdido la memoria de su encuentro con Él. Por ejemplo, aquellos que han olvidado lo mucho que se les ha perdonado y no son capaces de perdonar a todo aquel que les ha herido; otros que han recibido mucho de Dios y niegan la ayuda a todo aquel que acude a ellos. Los que sufren del alzheimer espiritual son los que se olvidan del “primer amor”, sólo viven inmersos en su presente, en sus propias capacidades, intereses, ocupaciones, compromisos y pasiones. Por eso, es importante que no olvidemos de dónde nos sacó el Señor, recordar que todo lo que hemos recibido de sus manos ha sido gratuito y, por tanto, debemos compartirlo con amor, sin buscar un interés. Ya nos pide el Señor: “Date cuenta, pues, de dónde has caído, recupérate y vuelve a lo que antes sabías hacer” (Apocalipsis 2, 5).

4.-Falta que des testimonio: Quizás una de las justificaciones que más he oído decir a quienes no van a Misa es: “para qué voy, si los que van, entran y salen criticando y ofendiendo al otro”, y desgraciadamente, a veces, es verdad. Cuánta razón en aquella frase: “Las palabras convencen, pero el testimonio arrastra”. No podemos ser cristianos de a ratos o por conveniencia. Hay que tenerlo claro, se es cristiano las 24 horas del día, y es muy triste saber de tantos católicos que, al no ser testimonio de lo que creen, viven una doble vida justificándose que no quieren incomodar con su fe. Hay que hacer vida lo que creemos. Cada que vamos a Misa refrendamos nuestro compromiso cristiano, por tanto, deberíamos salir de allí dando testimonio de la alegría de ese encuentro, y deberíamos contagiarla en todas nuestras actividades, tanto en la casa, como en la escuela y en el trabajo. Cristo nos hace una promesa: “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos” (Mt 10, 32).

Como seres humanos somos débiles y podemos caer en alguno de estos síntomas, pero recuerda que no vamos solos, Dios siempre está allí para ayudarnos. Así como una planta que necesita del sol para sobrevivir, así el cristiano que no se nutre constantemente de Dios no puede subsistir. ¡No pierdas nunca tu relación con Dios!

 

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