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¿Cómo hay que leer la Biblia?

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En esta sección hemos hablado de muchos temas sobre la fe y la vida. Pero estamos en septiembre, mes de la Biblia, por eso queremos hacer honor a la Palabra de Dios, que es el centro de esta sección de Con más Gracia. La Biblia siempre es siempre actual y siempre tiene la respuesta adecuada para todos los momentos de la vida.

La Palabra de Dios debería ser el manual de la vida del cristiano, ya que en ella encontramos el alimento indispensable para nuestra alma. Lástima que muy pocos la conocen a fondo y muchos otros que no la han leído.  Muchos dicen que no saben cómo o por dónde comenzar o algunos dicen que no la entienden. Por eso, hoy te queremos invitar a que desempolves tu Biblia y que aprendas a meditar la Palabra de Dios. 

Te compartimos 4 pasos para que sepas hacer una buena lectura de este libro sagrado:

1.-Invoca al Espíritu Santo: La Biblia es toda una biblioteca, porque es un conjunto de libros que se han escrito por inspiración del Espíritu Santo y tienen a Dios por autor. Por lo tanto, qué mejor ayuda que la del mismo autor para adentrarnos en su mensaje. Sólo bajo la luz del Espíritu Santo, la Sagrada Escritura puede ser entendida correctamente. Cuando invocamos su presencia, seremos capaces de adentrarnos en su Palabra; pero, si nos ponemos a leerla sin su guía, corremos el riesgo de convertirla en un libro de literatura o historia. Además, de que podemos caer en el error de hacer una interpretación incorrecta, malinterpretando lo que en realidad Dios quiere decirnos, o bien, adaptando el texto a lo que mejor nos conviene. En ella encontraremos el auxilio y la cura para todas nuestras tristezas y penas, será el refugio seguro y encontraremos la fuerza necesaria para cuando el dolor y el cansancio nos alcancen. Por eso, antes de leer pide la luz del Espíritu Santo y di como el Salmo: “Enséñame a que haga tu voluntad ya que tú eres mi Dios; que tu buen espíritu me guíe por un terreno plano” (Sal 143, 10).

2.-Saborea lentamente su lectura: Una vez que hemos pedido la luz del Espíritu Santo, ya podemos comenzar nuestra lectura. Así como un alimento se come y se disfruta lentamente y sin prisas, asimismo debe ser nuestra forma de leer la Palabra de Dios, debe digerirse poco a poco. Pues no es un libro que cuenta historias o que explique todo, sino que es un alimento para nuestro espíritu. No la leas para saber más ni busques solamente memorizarla, sino que busca hacer de su lectura, un encuentro íntimo con Dios, tal como lo hicieron muchos santos y santas que en ella encontraron la voluntad de Dios en sus vidas. Acerquémonos a la Palabra santa con humildad, reconociendo que no sabemos todo, pero queriendo aprender y con la docilidad para dejarnos cambiar en el corazón. Saborea su lectura, porque en ella encuentras a Dios, quien te quiere hablar directo al corazón. “La palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, los huesos y los tuétanos” (Hb 4, 12).

3.- Meditala con amor: La Palabra de Dios es un libro vivo que siempre tiene un mensaje para todo aquel que la medita en su corazón. Aunque no lo creas, ella tiene el poder de transformar tu vida a través de su mensaje de amor. Por eso, detente a rumiar el mensaje, intenta descubrir qué te está queriendo decir en ese momento preciso de tu vida, pues siempre es actual y da respuestas concretas a lo que estás viviendo. Al meditar con detenimiento la Palabra de Dios, quizás encuentres la respuesta que tanto buscabas, a lo mejor, te pide algo en específico o simplemente te quiera consolar y llenar tu corazón de esperanza. La experiencia de amor y sabiduría que te da el meditar la Sagrada Escritura, ningún otro libro te la dará. Su enseñanza es actual, por eso siempre iluminará la acción de todo cristiano. No importa por lo que estés pasando, en la Palabra de Dios siempre encontrarás la solución. Así nos dice el Salmo 119: “Para mis pasos tu palabra es una lámpara, una luz en mi sendero” (Sal 119, 105).

4.-Hazla vida: Quien se encuentra verdaderamente con Dios a través de su Palabra, no puede seguir siendo el mismo. Su lectura nos debe motivar a un cambio radical de vida.  El cristiano que se deja iluminar por la enseñanza de la Palabra, no puede ser un mero espectador de las situaciones del mundo actual, sino que se deberá comprometer a llevar a otros al encuentro de Dios, quien es la solución de todo mal. Este encuentro con la Palabra de Dios se debe traducir también en actos concretos en la vida diaria, comenzando a vivirla con los más cercanos. Leer su Palabra nos dará la fuerza para salir a dar testimonio de vida, ya que cuando alguien se nutre de la meditación constante de la Palabra del Señor, se le nota. ¡Que se te note! A esto nos invita San Pablo: “Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos” (St 1, 22).

¿Cansado de no escuchar la voz de Dios? Abre la Biblia, ahí Dios te habla y ahí encontrarás todo lo que necesitas hacer para ser feliz y poder llegar al cielo. No leas la Palabra de Dios como una simple lectura, sino que busca encontrarte con Dios y descubre lo que Él quiere decirte. 

 

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