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¿Por qué casarse por la Iglesia Católica?

He sido testigo de muchas parejas católicas que por ignorancia o desinterés deciden casarse únicamente ante una autoridad civil, sin considerar la unión también por la Iglesia. Lo que provoca muchas consecuencias en el camino espiritual.

Y es que casarse por la Iglesia es justamente obtener la validez y bendición del Dios junto con toda la comunidad católica que es testigo. Pero ¿cuándo un matrimonio es válido antes los ojos de la Iglesia? El Código de Derecho Canónico en su canon 1108 nos dice: “Solamente son válidos aquellos matrimonios que se contraen ante el Ordinario del lugar o el párroco, o un sacerdote o diácono delegado por uno de ellos para que asistan, y ante dos testigos, de acuerdo con las reglas establecidas en los cánones que siguen”.   

Asimismo, el artículo 1630 del Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de un elemento que es indispensable dentro de esta unión, el consentimiento mutuo que debe ser expresado: “El sacerdote (o el diácono) que asiste a la celebración del matrimonio, recibe el consentimiento de los esposos en nombre de la Iglesia y da la bendición de la Iglesia. La presencia del ministro de la Iglesia (y también de los testigos) expresa visiblemente que el Matrimonio es una realidad eclesial”.  Siendo ésta la forma eclesiástica para que un matrimonio sea declarado válido.

Ahora bien, ¿Por qué es importante casarse por la Iglesia? El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1631 nos enumera los beneficios de hacerlo:

1.- El matrimonio sacramental es un acto litúrgico. Por tanto, es conveniente que sea celebrado en la liturgia pública de la Iglesia. Es decir, que al celebrar este sacramento instituido por el mismo Cristo, es Él mismo quien través de sus ministros lo preside y lo hace posible. Todo de acuerdo a los ritos establecidos para que se lleve a cabo. Haciendo testigos a todos los que acompañan a la feliz pareja.

2.- El matrimonio introduce en un ordo eclesial, crea derechos y deberes en la Iglesia entre los esposos y para con los hijos. Al celebrar la unión dentro de la Iglesia, la pareja que ahora se convierten en una sola carne y pasa a formar parte de la familia de Cristo, contraen también obligaciones y derechos entre sí mismos y con sus hijos.

 3.- Por ser el matrimonio un estado de vida en la Iglesia, es preciso que exista certeza sobre él (de ahí la obligación de tener testigos). El papel de los testigos es importante, pues ellos harán constar la unión de la pareja, dar fe que la boda sí se llevó a cabo.

4.- El carácter público del consentimiento protege el “Sí” una vez dado y ayuda a permanecer fiel a él. Aquí debemos entender que la Iglesia será un soporte importante para el nuevo matrimonio, quien los ayudará a ser fieles ante los compromisos que se han jurado frente a Dios.

Por lo que, si una pareja sólo se casa por lo civil y omite hacerlo por la Iglesia, su matrimonio no será válido ante Dios, aunque el Estado así lo considere. Deben saber que viven en una situación irregular y, por lo tanto, no pueden ser admitidos en la participación de la Sagrada Comunión, pues entre ellos no hay sacramento de unión. Así lo afirma el canon 1055 § 2 del Código de Derecho Canónico al decir: “Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento”.

Hay que entender que el matrimonio no es solamente una institución humana y social, sino que es parte del Plan de Dios desde que concibió al hombre y a la mujer. El que las parejas se casen por la Iglesia no se trata de un mero capricho de algunos, sino que este acto eleva la seriedad y grandeza que tiene el matrimonio para Dios mismo.

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