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Cambió radicalmente el rumbo de su vida… descubre dónde comenzó y cómo terminó

Cuando pensamos que tenemos ya un rumbo fijo y vamos caminando tras él, muchas veces Dios nos cambia el camino por donde quiere que andemos. Esto le pasó al primero santo mexicano, San Felipe de Jesús quien, en el viaje a México para ser ordenado sacerdote, se encuentra con varias dificultades y su rumbo cambia por completo, llegando a Japón y terminando su vida en el martirio con tan sólo 24 años de edad.

Los padres de Felipe eran inmigrantes españoles, los cuales le dieron muy buen ejemplo y fueron siempre una ayuda en todo. Felipe de las Casas nació en la Ciudad de México en 1572. Fue el mayor de once hermanos, de los que tres siguieron la vida religiosa. Debemos hacer notar que su padre estaba emparentado con otro notable monje y evangelizador de América, Fray Bartolomé de las Casas, por lo que la instrucción religiosa nunca le faltó.

Felipe, como todo niño a su edad, era travieso e inquieto. Estudió gramática en el colegio de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México, dirigido por los jesuitas. Tenía gusto por la artesanía de la plata, es por ello que cuando Felipe fue beatificado el gremio de los plateros lo nombró su patrón.

Cuando alcanzó la mayoría de edad, su padre lo envió a las Islas Filipinas a probar fortuna, ya que su desempeño en el oficio de la plata no fue muy bueno y no tuvo mucho éxito. Estando allá, se estableció en la ciudad de Manila, y como todo buen joven, al inicio quedaba deslumbrado por las cosas materiales y mundanas. Era una ciudad en donde las personas que viajaban ahí, en aquellos tiempos, no lo hacían generalmente por motivos piadosos, ni tampoco predominaba un ambiente muy religioso que digamos.

Dios, que conoce todos nuestros corazones, sabía que Felipe buscaba algo más y ahí Dios le cambió el corazón, sintió la llamada a consagrarse a Él y entró a la orden de los Franciscanos de Manila, en el convento de Santa María de los Ángeles. Su nombre cambió a Felipe de Jesús. Un año más tarde, Felipe de Jesús hizo su profesión religiosa.

Felipe de Jesús fue llamado por sus superiores para recibir la noticia de que ya se podía ordenar sacerdote, pero tendría que partir para México, debido a que en Filipinas no había un obispo que le confiriera la ordenación sacerdotal, por ello partió rumbo a México en barco. Yo, como sacerdote, fácilmente puedo imaginar su enorme alegría al recibir tal noticia, pero él no sabía cómo Dios le cambiaría el rumbo de su historia.

El viaje de Filipinas a América era una aventura peligrosa y el viaje podía durar hasta siete u ocho meses. La travesía del barco en el que iba Felipe estuvo a punto de ser desastrosa. Durante un mes la nave estuvo a la deriva, arrojada por las tempestades de un lado a otro hasta que, destrozada y sin gobierno, fue a dar a las costas del Japón.

Su barco fue saqueado y a algunos de los que venían abordo fueron tomados presos, cabe señalar que no se les tenía mucha confianza a los misioneros. Cuando ellos llegaron ahí no sabían qué les iba a pasar y así pasaron varios meses, los tuvieron a la expectativa todo ese tiempo. Fray Felipe de Jesús se refugió en Meaco, donde los franciscanos tenían escuela y hospital.

El 30 de diciembre todos los frailes fueron hechos prisioneros junto con un grupo de cristianos japoneses, en ese momento comenzó el martirio. El día 3 de enero les cortaron a todos la oreja izquierda, luego emprendieron una marcha en pleno invierno, por un mes, de Tokyo a Nagasaki.

El 5 de febrero, 26 cristianos fueron colgados de cruces sobre una colina en las afueras de Nagasaki. Los fijaron a las cruces con argollas de hierro en el cuello, en las manos y en las piernas. Los atravesaron con lanzas, siendo el primero Felipe de Jesús. Aunque casi no podía hablar por la posición, murió repitiendo el nombre de Jesús. Las argollas que debían sostenerle las piernas estaban mal puestas, por lo que el cuerpo resbaló y la argolla que le sujetaba el cuello comenzó a ahogarlo. Le dieron dos lanzadas en el pecho que le abrieron las puertas de la Gloria de Dios.

Me impresiona mucho porque vivió un sacerdocio de deseo, pero tal como lo vivió Cristo, amando al prójimo y muriendo en la cruz. Hoy se nos propone el Evangelio de Lc 9, donde escuchamos esa frase que a veces le queremos sacar la vuelta: “si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga”. Si queremos seguir al Señor, debemos hacerlo por el mismo camino que Él vivió, quien quiera imitarlo, deberá estar dispuesto a compartir su mismo estilo de vida. Jesús nos llama constantemente a un despojo para poder estar dispuestos a seguirlo.

Felipe de Jesús fue beatificado, junto con sus compañeros, el 14 de septiembre de 1627 y canonizado el 8 de julio de 1862.

Con información de:
http://www.corazones.org/santos/felipe_jesus.htm
http://es.catholic.net/op/articulos/32202/felipe-de-jess-santo.html
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