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3 Anécdotas que no te puedes perder de la Madre Teresa de Calcuta

Cuando pensamos en las exigencias de la caridad y en la invitación de Jesús de despojarnos de todo para servir al prójimo, es inevitable no referirnos a una santa que hizo hasta lo imposible por servir generosamente y hasta la muerte a los más pobres de los pobres, la Madre Teresa de Calcuta.

Hoy la recordamos con mucho cariño. La Madre Teresa nació en Skopje en el año de 1910, sus padres eran albaneses. Ella dice de sí misma: “De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”.

Habiendo viajado como misionera a la India, trabajó muchos años como profesora antes de sentir la “llamada dentro de la llamada” a saciar la sed de amor de Jesús y de salvar las almas, fundando las Misioneras de la Caridad, y dedicándose a servir a los más pobres entre los pobres.

Se convirtió en un símbolo internacional del amor de Dios y en una verdadera madre para todos los no amados y los desheredados. Después de mucho sufrimiento murió el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, donde está enterrada. Fue proclamada beata por el papa Juan Pablo II el 19 de octubre de 2003 y canonizada por el papa Francisco el 4 de septiembre de 2016.

Quisiera contarte algunas experiencias que se dicen de ella. Se dice que un día, la Madre Teresa estaba atendiendo a una mujer que se encontraba moribunda y la habían llevado al hospital minutos antes. Al levantar la sábana que cubría a la señora enferma, descubrió que estaba esquelética y en los últimos momentos de su vida. La Madre Teresa, aun sabiendo que estaba grave y le decían que era inútil cualquier intento de ayudarla, ella intentaba reanimarla con cardiotónicos, algún alimento y muchas atenciones.

La moribunda, sorprendida por todo lo que hacía la religiosa, con ojos desorbitados y con una voz apagada le preguntó: “¿Por qué haces esto?” La Madre Teresa le respondió: “Porque yo te quiero”. Los ojos de aquella mujer se iluminaron, se le comenzaron a salir las lágrimas y le dijo: “Por favor, dímelo de nuevo”. Y, con un rostro sonriente, le volvió a decir: “Yo te quiero”. Aquella mujer moribunda, con una sonrisa en su rostro, apretó las manos de la Madre Teresa y las llevó a su pecho, dando un suspiro, murió junto aquella religiosa que le manifestó el amor hasta el final.

La Madre Teresa nunca perdía la esperanza y para ella, toda persona, era una oportunidad para encontrarse con el rostro sufriente de Cristo, su Amado. Ella invitaba muy frecuentemente a sus religiosas a que realizaran siempre un sincero examen de conciencia, sabiendo que era una gran herramienta espiritual para progresar en la virtud. Les decía lo siguiente:

Nuestro examen de conciencia es el espejo en el que vemos nuestros logros y nuestras dificultades. Por eso debemos afrontarlo con sinceridad y amor. No perdamos el tiempo mirando nuestras propias miserias; elevémonos en la luz de Dios y busquemos la manera de hacer las cosas cada vez mejor. Conocerse a sí mismo es muy importante para el amor, porque conocer a Dios trae el amor, y conocernos a nosotros mismos, la humildad. Por eso los santos pueden decir que se sienten grandes criminales, porque vieron a Dios y se vieron a sí mismos, y notaron la terrible diferencia.

Hoy que recordamos a esta grande santa, deberíamos preguntarnos qué tanto vivimos en la caridad, qué tanto nos preocupamos por descubrir el rostro amoroso y sufriente de Cristo en nuestros hermanos. Es muy fácil que nos desanimemos ante los malos testimonios, pero qué tan buenos somos para contagiarnos de los testimonios edificantes como el de la Madre Teresa.

Hay una serie de frases que se encontraron donde habitaba la Madre Teresa de Calcuta; no hay la certeza del autor, pero sí de que la Madre las leyó frecuentemente. Quisiera también compartirlos, pues son de una gran riqueza para el alma:

“Aunque los otros sean egoístas e incoherentes, ámalos de todos modos. Si haces el bien, y te acusan de obscuros motivos egoístas, haz el bien de todos modos. Si tienes éxito y, así, te ganas amigos falsos y enemigos verdaderos, lucha de todos modos. El bien que hagas hoy será olvidado mañana, haz el bien de todos modos. La sinceridad y la confianza te hacen vulnerable, sé sincero y confiado de todos modos. Lo que has tardado en construir puede ser por otro, en un instante, destruido, construye de todos modos. Alguien que necesita ayuda de verdad puede después atacarte, ayúdale de todos modos. Da al hermano y amigo lo mejor que tienes y, si te golpean, da, con el corazón lleno de caridad, lo mejor que tienes de todos modos”.

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